Siento no conversar con lectores. Terrorismo en Francia

Cuarenta y ocho comentarios recibió mi artículo anterior, en la edición de internet de este diario, sobre el engañoso cristianismo de Nayib y la falsa moderación de Armando Bukele. El primero recurrió a un subterfugio propagandístico hábil para que el destinatario cayera en la trampa subliminal que le puso de relacionarse con Jesucristo, mediante la cuña publicitaria de que su abuela nació en Belén. Parodiando un viejo dicho popular, equivaldría a sostener que si mi abuela hubiera tenido ruedas, yo sería bicicleta.
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Ese embauque a los salvadoreños de buena voluntad corrió parejo con la moderación, incluso de un ecumenismo en el que jamás ha creído, de su padre. Alguien me preguntaba, por correo electrónico, si de veras yo creía que era fundamentalista. Le respondí que sí, repitiendo argumentos ya expuestos.

De las 48 glosas, unas ocho eran insultos carentes de imaginación, pues se ceban en mi ancianidad y la proximidad de mi muerte. En ocasiones anteriores, de los propios lectores vino esta observación: ¿qué hay de malo en ser viejo, si vos también vas a serlo y tus abuelos ya lo son?

Otra línea de ataque es la de que me pagan por decir lo que escribo. No estoy cerca de ningún grupo económico, de donde vendrían mis “emolumentos” (en el mejor de los casos no $400,000 para comprar terrenos), pero si lo estuviera, ¿qué? Hay columnistas y articulistas vinculados con, y empleados de, centros de poder, quienes no por eso pierden autoridad. Esta se adquiere con la racionalidad y fundamentación para exponerla. Pero por si alguien tiene al respecto una sana inquietud, vivo modestamente de una decorosa jubilación.

Rogaría a los lectores que deseen una contestación a sus consideraciones que me escriban vía correo electrónico. A todos he dado y daré siempre respuesta.

El terrorismo en Francia. Cuna de las libertades democráticas, como se le ha llamado, con razón, salvo que la precedieron Inglaterra y las 13 colonias, ha sido ambiente propicio y objetivo predilecto de los terroristas. En el siglo XIX la inundaron, literalmente, las doctrinas radicales, a menudo desmadejadas en asociaciones violentas.

La peor fue la denominada Organización del Ejército Secreto (OAS) (Organisation de l'Armée Secrète) nacida en 1961.

A finales del imperio francés, la última pieza que los colonialistas se negaban a soltar fue Argelia, donde se desató una intensa lucha independentista, brutalmente reprimida.

El general Charles De Gaulle, héroe máximo de la resistencia contra la ocupación nazi, como presidente se mostró a favor de la autodeterminación argelina, despertando la oposición entre los ciudadanos de origen europeo y un sector minoritario de los musulmanes partidarios de seguir siendo franceses. Los grupos que ya estaban actuando en represalia contra los independentistas, tuvieron un gran impulso y confluyeron en el OAS y, gracias a la connivencia de militares, policías y amplios sectores de la población, consiguieron mucha fuerza.

Sus acciones inicialmente selectivas derivaron en actos de terror cada vez más indiscriminados. Como grupo terrorista singularmente violento, acabó atentando contra instituciones y personas francesas y argelinas. La lucha a la Policía llegó a ser singularmente violenta y el balance final fueron 2,200 asesinatos.

Por otro lado, desataron la “campaña de secuestros”. Entre el 19 de marzo y el 31 de diciembre de 1962, más de 3,000 civiles fueron secuestrados y asesinados.

Tras concederse la independencia el 5 de julio de 1962, la OAS dejó de actuar, pero pequeños grupos intentaron mantener la lucha, centrándola en intentos de asesinar al general De Gaulle, uno de ellos hecho célebre en la película “El Chacal.”

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