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Siervos libres

Siervo pero libre, hijo y no esclavo: es este el aspecto de la identidad del cristiano dijo el papa Francisco en una de sus homilías.
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El punto de partida de la reflexión fue el pasaje del Evangelio de San Lucas en el cual Jesús afirma: «Somos siervos inútiles». ¿Pero qué significa esta expresión?

Para ayudar a comprenderlo, acudamos a otro elemento de la liturgia cotidiana, en la cual, decimos: «Aleja, Señor, todo obstáculo de nuestro camino hacia ti, para que con la serenidad del cuerpo y del espíritu podamos entregarnos libremente a tu servicio». Una oración en la cual se resumen los pasos necesarios para alcanzar la justa dimensión del servicio, que es la de ser «siervos inútiles».

Ante todo, la primera cosa que pedimos es que el Señor aleje los obstáculos para servirle bien, para servirle libremente, como hijos. De los muchos obstáculos que un cristiano puede encontrar en su camino y que impiden convertirse en siervos, se pueden recordar al menos dos.

Uno es los deseos de poder. Una dificultad común, que se encuentra fácilmente en la vida cotidiana: cuántas veces, quizá en nuestra casa hay quien dice: ¡aquí mando yo! En cambio Jesús nos ha enseñado que quien mande se vuelva como aquel que sirve y que si uno quiere ser el primero, sea el servidor de todos.

Hay otro obstáculo, que se puede encontrar y es la deslealtad. Lo encontramos cuando alguien quiere servir al Señor pero también sirve a otras cosas que no son el Señor. Y sin embargo, Jesús nos dijo que ningún siervo puede tener dos dueños: o sirve a Dios o sirve al dinero.

La deslealtad no es lo mismo que ser pecador. Efectivamente todos somos pecadores, y nos confesamos de eso, pero ser desleales es como hacer un doble juego. Y esto es un obstáculo. Entonces, el que tiene ganas de poder es el que es desleal, difícilmente puede servir, convertirse en siervo libre del Señor.

La segunda palabra clave es serenidad, es decir, servir al Señor en paz. Efectivamente, los obstáculos –sean las ganas de poder, sea la deslealtad– arrebatan la paz.

Una insatisfacción que nos lleva a vivir en esa tensión de la vanidad mundana, vivir para aparentar. Así se ve mucha gente que vive solamente para aparentar, para que digan: ¡qué bueno es...!, por la fama, fama mundana.

Pero así no se puede servir a Dios. Entonces pidamos al Señor que retire los obstáculos para que con la serenidad, sea del cuerpo sea del espíritu, podamos dedicarnos libremente a su servicio.

Por último, la libertad es importante, porque el servicio de Dios es libre: nosotros somos hijos, no esclavos. Y servir a Dios en paz, con serenidad, cuando Él mismo nos ha retirado los obstáculos que quitan la paz y la serenidad, es servirlo con libertad. Cuando nosotros servimos al Señor con libertad, sentimos esa paz todavía más profunda.

Que el Señor nos ayude a abrir el corazón y a dejar trabajar al Espíritu Santo, para que nos quite estos obstáculos, sobre todo las ansias de poder que hacen tanto daño, y la deslealtad, la doble cara, y aún más, nos dé esta serenidad, esta paz para poderle servir como hijos libres que al final, con mucho amor digamos al Señor: Padre, gracias, tú sabes: soy un siervo inútil.

Nuestra Madre, la Virgen María, la Madre de Dios, nos ayudará, si se lo pedimos con fe, a ser leales y serenos en todos los momentos de nuestra vida, para servir a Su Hijo y a todas las almas por amor a Dios.
 

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