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Sigamos saltando décadas de la mano de algunas películas especialmente memorables

Muchas estaciones radiofónicas tenían grupos de actuación radionovelesca, y algunas figuras eran ampliamente reconocidas. Citemos tres nombres, entre muchos otros: Irma Elena Fuentes, Guillermo Antonio Hernández y Fausto Carbonero.
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En los dos sábados anteriores hemos hecho particular referencia a dos películas de gratificante recuerdo: “Enamorada”, de 1946, y “Trapecio”, de 1956. Hoy, para cerrar este breve ciclo, tendríamos que hablar de una de 1966, y la escogida es “El derecho de nacer”. No es un clásico como tal, pero la sola referencia al nombre tiene un poder evocativo de alta intensidad. “El derecho de nacer” comenzó siendo radionovela, antes de que la televisión convirtiera en imágenes las voces que llegaban a diario a los hogares de aquellos tiempos. El autor de “El derecho de nacer” fue Félix B. Caignet, un autor cubano de gran éxito popular. En Cuba y en México la radionovela alcanzó un enorme auge, y en nuestro país se desarrolló también muchísimo el género, no en plan de autoría sino de representación. Muchas estaciones radiofónicas tenían grupos de actuación radionovelesca, y algunas figuras eran ampliamente reconocidas. Citemos tres nombres, entre muchos otros: Irma Elena Fuentes, Guillermo Antonio Hernández y Fausto Carbonero.

La radionovela aludida surgió en 1948 en Cuba y la película, en su primera versión, apareció en 1952. El argumento es un melodrama realmente cautivador: la hija de un potentado es seducida por su pretendiente y queda embarazada. El pretendiente desaparece y el padre de la muchacha, don Rafael del Junco, quiere tapar el deshonor y envía a su hija María Elena al campo para que dé a luz. En realidad, lo que busca es hacer desaparecer al “bastardo”, haciendo que uno de sus hombres le dé muerte; pero se interpone la nana negra de María Elena, que se lleva al recién nacido y desaparece. Ella se encarga del niño, a quien le pone el nombre de Alberto “Albertico” con el apellido de ella: Limonta. María Elena, deshecha por la pérdida cuyo desenlace ignora, entra en un convento. Con el paso de los años, Alberto se vuelve médico, y en algún momento le salva la vida a don Rafael, su abuelo, sin tener idea de que lo es. Don Rafael agradecido lo invita a su casa y ahí conoce a Isabel Cristina, la nieta de don Rafael. Comienza así un intenso romance. Al final, todos los secretos se descubren, como ocurre en los melodramas impecables.

En la primera versión cinematográfica de “El derecho de nacer” (1952), filmada en Cuba, el papel de Albertico Limonta lo desempeñó Jorge Mistral, el galán español radicado en México en aquellos tiempos; el de María Elena (Sor Elena), Gloria Marín, la gran actriz que fue mujer de Jorge Negrete; el de Isabel Cristina, Martha Roth, una mujer bellísima y actriz notable que es una de mis favoritas de siempre, y quien en 1953 protagonizó “El pirata negro”, filme multinacional filmado en Panchimalco y otros lugares de nuestro país; el papel de mamá Dolores lo desempeñó Lupe Suárez; y el de don Rafael del Junco, José Baviera, el actor español que actuaría en “Cinco vidas y un destino”, filmada íntegramente en El Salvador en 1956, con Columba Domínguez y Joaquín Cordero en los roles principales y un despliegue de paisajes salvadoreños en technicolor que son una fiesta vívida, con el volcán de Izalco en erupción a la cabeza.

En la versión cinematográfica de “El derecho de nacer” de 1966, el papel de María Elena lo hizo la actriz española Aurora Bautista, quien había saltado al estrellato con su rol de Juana la Loca en la película “Locura de amor”; el de Albertico, Julio Alemán; el de mamá Dolores, Eusebia Cosme; el de don Rafael del Junco, Fernando Soler; y el de Isabel Cristina, Maricruz Olivier. Un año antes Julio Alemán había protagonizado con Elsa Aguirre “Solo de noche vienes”, filmada en nuestro país dentro del estilo de coproducciones que le daba tantas proyecciones al cine mexicano de aquellos años.

Si me preguntaran cuál de las dos versiones cinematográficas es mi favorita, no vacilaría en decir que la de 1952, quizá porque los actores y actrices que en ella intervienen me llegan mucho más que los que hicieron la segunda versión. Y porque además tengo una anécdota muy personal al respecto: cuando se estrenó la película no pude verla porque era “prohibida para menores”. Frustración reparable con el tiempo.

Una de las lecciones más visibles que deja el culto a la remembranza es la que se refiere a la constatación viva de que cada momento de la vida tiene lo suyo, incanjeable e intransferible. Por eso es tan determinante eso que se ha dado en llamar “memoria histórica”, aunque desafortunadamente el término esté hoy tan teñido de intencionalidades sesgadas.

Tags:

  • radionovela
  • el derecho de nacer
  • remembranza
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