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Silla ciudadana

“Silla ciudadana” es una propuesta que surge al analizar la realidad nacional y asumir que el poder político ha decidido “apretar el nudo ciego” (aumentar la polarización).
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La hipótesis es que en El Salvador se necesita desarrollar una cultura de diálogo y capacidades cívicas para vivir en paz y democracia. La idea-fuerza es facilitar la participación de la población (sin intervención partidaria ni gubernamental) para conocer su entorno y ayudar a sustituir el odio y resentimiento social por la tolerancia y el diálogo. Es decir, “Silla ciudadana” es un mecanismo de la sociedad civil para crear espacios y capacidades de diálogo colaborativo a fin de que los salvadoreños cooperen entre sí y practiquen el voluntariado a favor de la cohesión social.

“Silla ciudadana” es un mecanismo que facilita que hombres y mujeres sumen sus conocimientos, experiencias y voluntades para reemplazar la polarización ideológica por el diálogo colaborativo. Esta iniciativa tiene el potencial de crear una red humana en los catorce departamentos del país (a través de una plataforma tecnológica), la cual podría ampliarse con la participación de compatriotas que viven en el exterior. De manera ilustrativa, a continuación se plantean cinco pasos iniciales para implementar esta propuesta.

Paso 1. La Asociación de Universidades Privadas de El Salvador (AUPRIDES) o una instancia educativa acoge la iniciativa “Silla ciudadana”. Luego, el anfitrión patrocina la elaboración de su metodología de trabajo (tan sencilla como la de Alcohólicos Anónimos) y se reúne con el Consejo Nacional de la Publicidad para lograr su cooperación para difundirla acertadamente.

Paso 2. Diseñar la ejecución de “Silla ciudadana” teniendo en mente su propósito: ayudar a ciudadanos a deshacerse del odio y resentimiento social, y saber escuchar y aceptar a los demás. Es preciso, entonces, promover la tolerancia, el protagonismo de los participantes y la asistencia técnica directa del círculo académico. Esto es clave porque cada “Silla ciudadana” sería autónoma, accesible, transparente y autogestionada por sus miembros.

Paso 3. Elaborar el reglamento de funcionamiento de “Silla ciudadana”. Esto es básico para que los participantes sean respetuosos de las leyes y contribuyan a vivir en armonía. Entre las restricciones que tendría cada “Silla ciudadana” se destacan las siguientes: (a) constituir o ser parte de una ONG, iglesia o partido político; (b) recibir donativos o aportes de partidos políticos y organizaciones gubernamentales; y (c) traspasar la legislación nacional.

Paso 4. Implementar su estrategia operativa de forma responsable, apolítica y progresiva. Una opción para comenzar sería propiciando la integración de pequeños grupos (de 6 a 12 ciudadanos) que comparten un vecindario, proyecto o aspiración. Una meta sería que los miembros de AUPRIDES auspiciaran –en su respectivo ecosistema– la puesta en marcha de sesenta “Sillas ciudadanas” en el primer año, ciento veinte en el segundo año y doscientas cuarenta en el tercero. Así, en tres años podrían funcionar cinco mil “Sillas ciudadanas”.

Paso 5. Cada “Silla ciudadana” seleccionaría su tema prioritario, elaboraría su plan de trabajo y definiría su lugar de reuniones. De esta manera, miles de connacionales se relacionarían mejor con su entorno y realizarían acciones de corto plazo en pro de la cohesión social. En síntesis, “Silla ciudadana” es un medio cívico, democrático y costo-efectivo para desarrollar una cultura de diálogo, potenciar liderazgos locales y favorecer la acción positiva.

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