Lo más visto

Más de Opinión

Sin autocontrol, viene la obesidad

Enlace copiado
José Afane

José Afane

Enlace copiado

¿Control, o no control? Esa es la pregunta.

La respuesta, ya que todos queremos ser saludables, es control. Difícil decirlo, pero hay que nadar contra corriente para lograrlo. Contra corriente pues nuestras vidas giran alrededor de la mesa. Desde pequeños, celebramos comiendo mucha grasa, mucha azúcar. La piñata, cargada de azúcar, el pastel y las gaseosas también.

Privarnos de tanto antojo es el primer paso hacia el autocontrol. Escuchemos al Santo Obispo de Hipona: "No todo lo que me apetece, me conviene".

Un estudio reciente de neurociencia, "The prefrontal cortex and obesity", analiza una posible relación recíproca entre la obesidad y la corteza prefrontal (PFC).

Según la neurociencia, la auto regulación de nuestra dieta depende especialmente de la capacidad del PFC para ejercer un control modulador sobre la elección de los alimentos. Una modulación más débil aumenta la probabilidad de que consumamos, en exceso, alimentos con alto contenido de calorías y bajo contenido de nutrientes.

Con el tiempo, el consumo excesivo y persistente de alimentos ricos en calorías nos lleva al sobrepeso y, posteriormente, a la obesidad.

La obesidad puede llevar a cambios marcados y duraderos en el control cognitivo y en la funcionalidad del PFC que, a su vez, impulsa las conductas alimenticias poco saludables.

Para controlar la obesidad, no hay de otra que limitar el consumo de alimentos densos en calorías, y esto depende, en gran parte, de la capacidad de los individuos para ejercer el auto control, anulando las reacciones del cuerpo ante alimentos gustosos y gratificantes.

Además de controlar el impulso por masticar, es necesario quemar calorías, y fortalecer músculos y articulaciones, haciendo ejercicio constante.

Recuerde que no todas las grasas son iguales. Las hay buenas y también malas. Hay tres clases de grasas: grasas animales (saturadas), grasas de las plantas y pescado (no saturadas) y las grasas que fabrica el hombre (trans o hidrogenadas).

La grasa animal se mantiene líquida con la temperatura de la sangre, pero se solidifica con temperatura ambiente (mantequilla por ejemplo); las grasas de las plantas y la de los pescados de agua fría se mantienen líquidas a temperaturas más bajas, y circulan todo el tiempo (aceite de oliva por ejemplo).

El hombre fabrica una grasa que no existe en la naturaleza, sino que es creada en laboratorio para prolongar la vida de los productos alimenticios (y hacer más plata). Estas son grasas falsas, o "fake fats", y son dañinas pues tu cuerpo no sabe cómo digerirlas. Por lo tanto elevan el colesterol y la producción de placas arteriales. Se les llama grasas "Trans" presentes en la vasta oferta de comida chatarra.

En ciudades como Nueva York, donde abundan los restaurantes "fast food", encontramos niveles altísimos de obesidad e infartos culpa de estas grasas. Lo recomendable es desarrollar el hábito de leer el contenido nutricional de los productos que consume, y no elegir aquellos que contienen grasas "trans".

Entre las plantas y animales existen dos tipos de grasas, Omega 3 y Omega 6, ambas esenciales para su salud. Al inicio del siglo XX, las grandes compañías de alimentos empezaron a propagar aceite de soya en la cadena de alimentos. La soya es rica en Omega 6 pero baja en Omega 3, cuando lo ideal es una dieta equitativa entre ambas Omegas. Tome nota, pues este desbalance está asociado a más de 50 enfermedades, incluidos el cáncer, la diabetes, la artritis y el corazón.

Recuerde, no todo lo que le apetece le conviene. Le invito a darle la bienvenida al auto control a su vida; ponerle coco a su dieta, y a incorporar el ejercicio a su rutina. Pequeños cambios de hábito hacen una gran diferencia para vivir mejor.

Tags:

  • control
  • obesidad
  • alimentos
  • grasas
  • dieta

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines