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Sin franqueza, no hay acuerdos. Sin perdón, no hay futuro

Con certeza absoluta, en cualquier profesión o cometido, ganar con cinismo es perder. Cada victoria debe estar respaldada por la honestidad, cada transformación debe estar sostenida por la coherencia. Todo triunfo fuera de esta lógica carece de valor. Por ello, sin miedo, aseguro que sin franqueza, no hay acuerdos. Sin perdón, no hay futuro.
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Sin franqueza, no hay acuerdos. Sin perdón, no hay futuro

Sin franqueza, no hay acuerdos. Sin perdón, no hay futuro

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Nuestro pasado reciente es una vereda por la que hemos transitado a pie, descalzos y sin brújula. Venimos de ese momento gris y violento, divididos en múltiples piezas que sobreviven cobijadas por la ideología, el ego y el rencor. La voz de los sabios carece de volumen, los tiempos políticos flaquean y la memoria parece no tener la suficiente fuerza para conquistar la añorada reconciliación.

En la nebulosa que nos encontramos parece que la reconciliación es el objetivo final; ella es la primera victoria, el inicio para que por fin trabajemos juntos con una visión conjunta que desarrolle sosteniblemente el país en beneficio de todos. La polarización nos hace daño, nuestro modelo está inacabado, sin personalidad y sin fuerza.

¿Cómo hacer para que la sed de paz como país sea más fuerte que la lógica individual? A lo mejor no tenemos la respuesta aún, pero podemos empezar con pequeños pasos. Desde el espacio más humilde de conversación hasta el foro más grande de intercambio de ideas, necesitamos aceptar una lógica aplastante: hay que escuchar para entender, no para responder.

La solidaridad es la mayor grandeza a conquistar, esa que por fin nos una y que haga que arrimemos el hombro con la misma determinación. Los salvadoreños no queremos caridad o compasión, no. Nosotros necesitamos las oportunidades que nos permitan desarrollarnos con dignidad; es la dignidad la que nos permitirá caminar con los pasos firmes y victoriosos en ruta hacia el futuro grande.

Ciertamente es la fuerza de las convicciones la que sostiene nuestra cosmovisión, pero es la tolerancia la que sobrepasa la dimensión personal y define nuestro espíritu como seres en sociedad. Para lograr grandes cosas hay que unirse. No debemos seguir postergando las grandes transformaciones que los salvadoreños demandamos.

Construir el horizonte común no es una tarea fácil, pero es un cometido necesario. Habrá que dejar en el camino los muros y las pasiones ególatras. Habrá que aceptar que no lo hemos hecho bien hasta ahora, por lo que es imperativo sentarnos para definir cuál es el futuro que nos merecemos y en consecuencia actuar conforme a esa visión. En ese camino de cambios y velocidad debemos permitir que el compromiso, la humildad y la serenidad nos guíen.

El 28 de enero recién pasado presentamos el tercer libro de nuestra iniciativa, el cual titulamos “El país que viene: Horizonte común”, se trata de una edición donde participan 81 jóvenes que nos detallan lo que significa ser joven y salvadoreño en 2017.

Son historias personales, críticas, anhelos y propuestas, que, naturalmente, las escriben desde su propia visión. A partir de este día podrán leerles en la columna diaria que, con el apoyo de LA PRENSA GRÁFICA, posibilitará a ellos exponer sus ideas y a ustedes palparles en la frescura de sus años y la fuerza de sus deseos por construir el país que viene.

El diálogo, el entendimiento y los acuerdos son tres palabras necesarias para hacer posible un mejor El Salvador.

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