“Sin miedo, sin odio, sin olvido”

Me siento atrapada y sin salida en este contexto actual de violencia y criminalidad. Pero trato de aprender a superar esos sentimientos recordando las actitudes, recursos y habilidades que ayudaron a quienes fueron secuestrados, cuando salieron de vuelta para salir adelante con sus vidas, “sin miedo, sin odio, sin olvido”. Incluso disfrutando de una paz y felicidad más duradera.
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He conocido detalles de varios secuestros de personas salvadoreñas y mexicanas relatados por sus protagonistas y leído sobre españoles. Cuando son preguntados cómo pudieron sobrellevar tantas heridas morales y físicas infringidas de forma denigrante, las respuestas son similares: “Los tres pilares básicos de mi supervivencia en el secuestro fueron la familia, las creencias religiosas (orar mucho) y el método; es decir, aunque tuviera el cuerpo destrozado, como decía el poeta, “el alma en una nube y el cuerpo como un lamento”, yo todos los días me levantaba, me aseaba, hacía estiramientos, leía, paseaba... Hubo dos cosas que jamás abandoné, hasta el último día, incluso cuando ya estaba en una situación terminal: la higiene personal y la oración”. José Antonio Ortega Lara, víctima española secuestrada 532 días en un agujero bajo tierra húmeda, de 2,40 metros de ancho por 1.70 de alto y tres de largo.

Es evidente con solo observar el estado de inseguridad permanente que vivimos, que muchas familias están siendo dañadas profundamente, ocasionando mucho sufrimiento en las familias de El Salvador.

Es urgente el silencioso llamado que hay en sus miradas rotas a practicar la misericordia (que promulga el papa Francisco) para empezar a apoyar solidariamente a superar los traumas atroces que sufren sus hijos e hijas, vecinos, colaboradores, colegas y parientes sobrevivientes. Ellas claman al cielo por justicia ante tanta impunidad, mientras nosotros les afirmamos a practicar la resiliencia, que según la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres (UNISDR), tiene que ver con la capacidad de un sistema, comunidad o sociedad expuestos a una amenaza para resistir, absorber, adaptarse y recuperarse de sus efectos de manera oportuna y eficaz. La resiliencia es un término frecuentemente relacionado con situaciones de extrema dificultad por desastres naturales o guerras.

El diccionario de la RAE define la resiliencia como “la resistencia de un cuerpo a la rotura de un golpe”. El médico francés Boris Cyrulnik amplió el significado del concepto a “la capacidad del ser humano para reponerse de un trauma y, sin quedar marcado de por vida, ser feliz... Para alcanzar la felicidad que ansiamos necesitamos tener una buena salud cronológica... a haber superado las heridas del pasado, vivir instalado en el presente de manera estable y a mirar al futuro con ilusión... Ese talento nace de una fortaleza interior que todos tenemos desarrollado en mayor o menor medida...”. Dra. Marian Rojas Estapé.

La grave situación de asesinato y extorsión de personas inocentes, trabajadores y muchas veces en edades juveniles, tan solo por no plegarse a las demandas injustas, plantea un dilema inaplazable: o tomamos nuestro destino en nuestras manos o elegimos salir a buscar oportunidades fuera de la patria que nos vio nacer. Es tiempo de cambiar el rumbo, resolviendo los retos de país con nuestras propias manos, sin que esto signifique la necesidad de un caudillo investido con poderes mágicos para salvarnos.

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