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Sin nosotros no hay futuro

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Por Melissa Benavides Coautora de El País que Viene

La población salvadoreña es mayoritariamente joven. Las personas que tenemos edades entre 18 y 29 años representamos el 30 % del padrón electoral. Si a esa cantidad le sumamos el segmento de 30 a 39 años, la cifra supera más de la mitad de los ciudadanos empadronados para ejercer el sufragio; es decir somos más del 50.8 %. Este grupo de ciudadanos tendríamos la capacidad de elegir al presidente de la república en primera vuelta, ya que nuestra legislación establece que para ganar la presidencia se necesita la mitad más uno de los votos.

Tenemos que hacer realidad el relevo generacional con una visión distinta en la manera de hacer política, que direccione a los políticos e instituciones a servir al conglomerado social en general y margine el trabajo guiado exclusivamente por intereses partidarios. ¡Es hora de hacer efectiva la política!

Pero ese relevo comenzará cuando los jóvenes decidamos ingresar y participar activamente en los organismos partidarios, en organizaciones de nuestra comunidad o en entidades de servicio y de carácter humanitario. Con nuestra energía, nuestras capacidades y potencial, debemos de tomar los espacios que están dispuestos para la juventud o abrirlos en los casos donde no existen. Se trata de que seamos incidentes en todos los ámbitos de la vida local y nacional.

En El Salvador el acceso masivo a internet ha permitido que se creen comunidades virtuales, en las cuales se desarrollan verdaderos debates políticos en torno a temas de interés general. Cada vez más las críticas y posturas desafiantes a las tradicionales formas de hacer política, y entre estas al ejercicio interno de la democracia en las instituciones partidarias, abonan al crecimiento de nuestro protagonismo e incidencia en el quehacer nacional. La polarización a la que nos han sometido los dos partidos mayoritarios ha provocado una falta de diálogo serio, mediante el cual se aborden los principales problemas que enfrentamos los salvadoreños. Esta situación ha llevado a que no solo los jóvenes, sino que toda la población estemos en desacuerdo en esa forma de hacer política.

Por eso insisto en la urgencia de que el país emprenda un proceso que permita que se produzca un relevo generacional en la clase política, en el que lo fundamental no es que los nuevos políticos sean jóvenes, sino que sean personas que estén comprometidas con una nueva forma de hacer política; en la que el respeto y la tolerancia sean una práctica cotidiana, que permitan que, a través del diálogo y la negociación, las diferentes expresiones políticas puedan encontrar los acuerdos que garanticen un programa de cambios que impulsen el desarrollo nacional. Vivimos en un país democrático en el que tenemos la oportunidad de expresar nuestras opiniones y a través de estas dar a conocer nuestras aspiraciones.

A los salvadoreños nos aquejan viejos y conocidos problemas, donde los diagnósticos y propuestas de solución abundan. De lo que se trata ahora es de ponernos de acuerdo en una visión compartida, sobre la nación que necesitamos y nos merecemos. Debemos de trabajar juntos combinando la sabiduría que solo da la experiencia, con la energía y el entusiasmo de nuestra juventud.

Se hace necesario que los jóvenes demostremos nuestra voluntad de hacer un verdadero cambio de actitud en la política. ¡Tenemos que comenzar ya!

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