Sin novedad en el Frente

A riesgo de ofender la memoria de Erich María Remarque, me he tomado la libertad de utilizar el título de una de sus obras más conocidas, para referirme al mensaje que llevó a Caracas el candidato presidencial por el FMLN, en ocasión del acto que sustituyó la juramentación constitucional del presidente electo Hugo Chávez, con las implicaciones que solo a los propios venezolanos corresponde dilucidar.
Enlace copiado
Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Sin novedad en el Frente

Enlace copiado
En lo que atañe a los salvadoreños, diríamos que el referido mensaje no aportó nada nuevo, excepto por aquella frase que reza: Ahora Venezuela es la luz revolucionaria que ilumina América Latina, el Caribe y el mundo. ¡Qué “sembrones” habría dicho mi padre!, apropiándose de una palabra que ciertamente no aparece en el diccionario de la RAE, pero que él utilizaba siempre –con esa ironía que le caracterizaba– que escuchaba o leía un discurso plagado de ditirambos.

Uno puede entender que en estos momentos –cuando hay dudas razonables de que don Hugo llegue legalmente a asumir la presidencia– que sus admiradores ratifiquen y en el extremo lleven a un plano de lo sublime su adhesión a las ideas de un personaje que, independientemente de su mesianismo, se le reconoce por su liderazgo, su carisma y, por supuesto, por su excesiva generosidad con aquellos gobiernos que considera permeables a su discurso. Esto solo lo puede hacer por la inmensa riqueza petrolera de su país, aunque internamente no le dé la atención debida al bajo crecimiento económico, a la escasez de alimentos, la inflación galopante y a los elevados índices delincuenciales, para mencionar lo más obvio.

Endulzarle el oído a la masa de chavistas y sobre todo a sus dirigentes, con alabanzas salidas de tono al modelo que comenzó a exportar don Hugo, podría sugerir incluso a sus adversarios una adulación extrema, cuando no una expresión de vasallaje. Todo, a cambio de continuar una relación –con quien o quienes lo sucedan– moldeada por su líder, pero que a estas alturas nadie puede garantizar. No se necesita comulgar con las ideas del señor Chávez para suponer que difícilmente sus seguidores encontrarán un sustituto calcado a imagen y semejanza de él; de lo contrario no veríamos esas expresiones de dolor, donde la veneración se mezcla con el paroxismo.

Sin embargo, esa actitud humillante la disfrazan sus camaradas en El Salvador, jurando y perjurando que el modelo chavista es el único que puede sacar adelante al país, así sea nacionalizando empresas o gastando irresponsablemente. Pero para esto, necesitan seguir contando con la abultada ayuda que han estado recibiendo del comandante, bajo la figura de ALBA y quién sabe a través de qué otros medios. En todo caso, es difícil imaginar una generosidad igual sin Chávez.

Lo paradójico es que mientras don Salvador discurría en Caracas sobre el país de sus sueños, aquí se acentuaban las preocupaciones por el estado deprimente de la economía, por las arcas vacías del Estado, por las reivindicaciones difíciles de satisfacer de algunas agrupaciones, por la nueva degradación en la calificación del país y el nunca acabado desmadre institucional generado por los tránsfugas y los diputados el partido gobernante. Este escenario seguramente se complicará más, de persistir la amenaza de las nacionalizaciones y la distribución forzada del ingreso nacional, aunque sus deseos de convertirse en el próximo gobernante no se cumplan. Esto, a pesar del soporte financiero para su campaña, que sin duda recibirá de ALBA, incluso para comprar conciencias.

Con todo, don Salvador dice que trabajará en armonía con la empresa privada y mantendrá relaciones cordiales con Estados Unidos. Pero para creerle, debería comenzar por aconsejar a los diputados del partido no seguir bloqueando el proyecto de las alianzas público-privadas, ni poniendo en riesgo, con la ayuda de sus amanuenses, FOMILENIO II, la institucionalidad y la sanidad fiscal. También, para que no se vuelvan cómplices de irregularidades como las de la CEL. Del resto nos haremos cargo quienes creemos en la democracia liberal, más allá de los arrebatos de Caracas.

Lee también

Comentarios

Newsletter