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Sin suplentes

Hay cosas que deberíamos tener claro antes de hablar sobre la sentencia de la Sala de lo Constitucional que inhabilita a los diputados suplentes de la Asamblea Legislativa.
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Eso, a pesar de que hay otras dos sentencias que salieron el mismo día y que deberían estar creando una discusión de altura. La que tiene que ver con la aprobación de los $900 millones que está directamente relacionado con el enorme problema de falta de fondos que enfrenta el país, y la sentencia que declara inconstitucional a la Ley de Amnistía, que debería estar abriendo caminos para una reconciliación que tras la guerra jamás llegó, por más que se hayan firmado los Acuerdos de Paz.

Pero como la sentencia de los diputados ha levantado tanto polvo y berrinche, creo que es importante que atajemos por qué la resolución, por más que así lo quieran ver los diputados, no es el fin del mundo. Partamos de que no es cierto todo lo que se dice como que ahora ningún diputado se puede ausentar, que si las mujeres diputadas tienen hijos no pueden tomarse la maternidad, que si se enferman o requieren un permiso no pueden faltar. Es mentira. Punto.

La Constitución establece en el artículo 131 cuatro razones por la que diputados suplentes serán llamados a cubrir a los propietarios: 1. Renuncia. 2. Audiencia por enfermedad. 3. Nulidad de la elección. 4. Permisos temporales o muerte. Entonces sí, si la diputada va a tener un hijo podrá echar mano de un diputado suplente para que la cubra. O si se enferma, o si vaya, ni lo pensemos, se muere alguno. Ahora, recordemos que está inhabilitación de los diputados suplentes salió a razón de la forma en que la Asamblea Legislativa decidió votar para aprobar los $900 millones, en la que hubo participación de muchos suplentes.

No es nuevo, y no por eso es más malo o menos malo, que en la Asamblea tiendan a echar mano de los suplentes para crear votaciones perversas. Pensémoslo en número. Hay diputados que NO llegan a plenarias y en un 90 % de ocasiones lo cubren sus suplentes. Hay diputados que si sumamos los días de los viajes de este año suman dos meses (en el que han sido reemplazados por sus suplentes). En el primer caso, le seguimos pagando al propietario que no llega y al suplente que lo reemplaza. En el segundo caso, al diputado propietario la Asamblea normalmente le paga el boleto, la estadía, los viáticos, y además le debe pagar al suplente por cubrirlo. Pensemos un segundo cuánto se dispara el presupuesto por un viaje.

El abuso en el uso de diputados es lo que nos ha llevado a estas instancias, es lo que causa una comprensible indignación en la población, el abuso y la “quejitis” que ha atacado a los diputados, como si les hubieran cortado una pierna. Indigna cuando el promedio del empleado común se la piensa dos veces antes de pedir un permiso en el trabajo, cuando va aunque se sienta un poco mal de salud, aunque su salario sea el 5 o 10 % de lo que ganan los diputados.

Así que un buen líder estaría rearmando su agenda, su calendario, sus proyecciones, buscando respuesta y no gritándole a la Sala Constitucional que quizá no tiene por qué cumplir su resolución. Les debería dar pena quejarse y dejar de trabajar en las comisiones, y hacer una plenaria de 15 minutos y aun así seguir cobrando, cuando el país urge de magistrados de la Corte de Cuentas, urge procurador, urge miembros del Consejo Nacional de la Judicatura y un montón de cosas más.

Y ni hablar de que muchos de estos suplentes ya tienen plazas fijas en la Asamblea. ¿No es excesivo acaso? Y ojo, debemos tener un enorme cuidado con el mensaje que le estamos transmitiendo al ciudadano común. ¿Cumplimos o no la ley? ¿Las sentencias? ¿Las resoluciones? Hay mucha ironía y contradicción en el mensaje que muchos diputados –llamados a ser los creadores de leyes– están deslizando y que implica que quizá siempre no deberíamos cumplir la ley.

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