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Situación fiscal y nihilismo político

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Situación  fiscal  y nihilismo político

Situación fiscal y nihilismo político

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<p>[email protected]</p><p></p><p>Nunca resultará demasiado insistir en el creciente riesgo de que el país caiga en una insolvencia fiscal de impredecibles consecuencias; la inminente presentación del presupuesto general para 2013 lo justifica más. El elevado monto de la deuda a largo plazo, el nivel del déficit y la raquítica inversión gubernamental, en un contexto de lento crecimiento económico, coexisten con un abultado endeudamiento en letes, el atraso en el pago a proveedores y la reorientación de préstamos para atender necesidades de caja. Incluso, la poca inversión, tradicionalmente atribuida a la baja capacidad de ejecución, se debe hoy en buena medida a la carencia de los recursos de contrapartida que exigen los organismos internacionales.</p><p></p><p>Lo más preocupante es que estamos prácticamente atrapados en un callejón sin salida, donde la única opción es un ajuste fiscal de connotaciones recesivas. Esta es la clásica receta del FMI, que combina, entre otros, la reducción del gasto corriente, la eliminación de subsidios y el aumento de impuestos. Sin duda, estos temas han estado presentes en el debate de las sucesivas misiones de dicho organismo con los encargados de estos asuntos en el país, para rescatar el acceso a los recursos del llamado Acuerdo Precautorio. Empero, los costos sociales del ajuste no se pueden obviar cuando, como en nuestro caso, no se pueden utilizar aquellos instrumentos convencionales de política monetaria, para estimular la actividad privada.</p><p></p><p>Con estas restricciones, creo que tanto el ministro de Hacienda como el presidente del BCR han estado haciendo su tarea, aunque algunas veces discrepen en cuanto a los alcances de la crisis en ciernes, tanto en lo concerniente al punto de quiebre como a la profundidad y duración de la misma. Pero lidiar con un problema como el que visualizan los expertos no se reduce a la parte técnica; hoy en día, la visión política del manejo de las finanzas públicas y del presupuesto en particular debe dar un giro importante porque se trata de un problema país –sin antecedentes– y no de la causa de un partido.</p><p></p><p>Debe así recordarse que cuando el FMI revisa las cuentas fiscales, el énfasis lo pone en todo el SPNF y no solo en las del gobierno central, aunque las fuentes mayores del desajuste se concentren en este último. Por ello es importante la austeridad en el resto del sector público, cuyos presupuestos son para el ministro de Hacienda prácticamente un dato mientras los recursos se distribuyen con total discrecionalidad. Es el caso del Órgano Judicial y la Asamblea Legislativa.</p><p></p><p>En el primer caso y a escasos días de haber tomado posesión la nueva administración, la ciudadanía tuvo que tragarse la ofensiva decisión de erogar $1.9 millones para pagar un favor político, mientras áreas claves como Medicina Legal carecen de lo esencial y no había recursos para pagar los servicios básicos. Ya es un secreto a voces que las casi 500 plazas que permanecieron congeladas durante la administración anterior serán activadas por la actual, donde el pago de la factura política también será clave. Ha trascendido además que para 2013 el Órgano Judicial pretende un presupuesto que excede el límite constitucional.</p><p></p><p>La Asamblea no se queda atrás. A despecho de las promesas de austeridad y trasparencia que hizo el diputado Reyes cuando fue ungido como presidente en la anterior legislatura, el llamado primer órgano del Estado se sigue caracterizando por la opacidad y el despilfarro de los recursos. Igualmente, se está recetando un importante incremento presupuestario para el año próximo.</p><p></p><p>El Ejecutivo tampoco se lleva las palmas. Las carreras del ministro de Hacienda para pagar la planilla y a los proveedores y las carencias en salud, educación y seguridad son preocupantes, pero tampoco se observa un esfuerzo para contener el gasto dispendioso. Sigamos así y los casos de Grecia y España parecerán juegos para niños.</p><p></p><p>PD. Nuestra solidaridad con el gobierno y el pueblo estadounidenses.</p><p></p>

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