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Sobre aquellos diálogos para evitar la guerra..., recuerdos cuatro décadas después (y II)

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Alberto Arene / Economista / analista

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Chico Díaz y yo también nos reunimos algunas veces con Joaquín Villalobos (Atilio) por un lado, y con Eduardo Sancho (Fermán) por el otro, ambos en la clandestinidad. Cada quien tenía sus "preferidos", con Chico coincidíamos más con Fermán (RN), a Marianella le gustaban más los "felipes" (FPL) mientras que a Mario Zamora Rivas le hacíamos bromas con el PC y con Schafik que como principal dirigente del PC seguía de cerca, con especial interés, los diferentes diálogos.

Algunos políticos y analistas sostienen que dichos diálogos, y particularmente aquellos con el gran capital, contribuyeron a debilitar al régimen militar e indirectamente al golpe de Estado mismo. Pero los jóvenes militares que lideraron el golpe perdieron progresivamente el poder frente a los coroneles y generales vinculados a los otros dos golpes que estaban en camino, uno de ellos apoyado por la estrategia del gobierno de los Estados Unidos que terminó imponiéndose.

Así se recompusieron las relaciones de poder en el liderazgo militar, abortándose el proyecto político original de la Juventud Militar recogida en su proclama, lo que a su vez condujo a una mayor represión y a la renuncia, primero de la Primera Junta de Gobierno los primeros días de enero de 1980, y de la Segunda Junta dos meses después. La Democracia Cristiana se dividió, una parte de los jóvenes líderes renunciamos del gobierno y del partido para integrarnos a la revolución primero y a la búsqueda de una solución político-democrática después, mientras el sector liderado por Napoleón Duarte impulsó con apoyo norteamericano y venezolano las reformas y la guerra contrainsurgente con elecciones para "impulsar la democracia". Algunos de los prominentes empresarios de "las tres loterías" apoyarían primero el surgimiento de ARENA y de su líder histórico, y diez años después la negociación de la paz con Alfredo Cristiani de presidente.

Con Neto Rivas volvimos a coincidir por tercera vez en la vida unos años después del golpe de Estado, él como embajador en Estados Unidos del gobierno de Magaña primero y de Napoleón Duarte después. Él, adversado por una parte de la derecha y de sus antiguos amigos del gran capital, pero muy apreciado por la administración Reagan y por el liderazgo en el Congreso. Yo, junto con Francisco Altschul, como embajadores –sin cartera– del FDR-FMLN intentando abrir espacios en el establecimiento político de Washington para una futura solución política negociada del conflicto.

En esta nueva etapa de la vida democrática del país hemos vuelto a encontrarnos con Neto al igual que con varios participantes de aquellas mesas de diálogo. Nuestras lecturas de dichos diálogos y acontecimientos pueden ser más o menos diferentes o coincidentes, pero estoy seguro de que la mayor parte concluirá conmigo que más allá de la buena voluntad y de los esfuerzos realizados para encontrar una salida pacífica democrática que evitara la guerra, el país estaba perfectamente maduro y programado para desatar la guerra civil que nos dividiría y ensangrentaría durante los 12 años siguientes. Cuatro décadas de dictadura con la última de fraudes electorales y represión crecientes, con limitada cultura y organización democrática, en un nuevo contexto regional e internacional de exacerbación de la guerra fría, habrían hecho de El Salvador el diseño perfecto para la guerra civil que padeceríamos.

Muchos reconocen en el golpe de Estado de octubre de 1979, en la proclama de la Juventud Militar y en el gobierno de la Primera Junta, la última oportunidad que nos quedaba a los salvadoreños de realizar los cambios necesarios para evitar la guerra y enrumbar al país por nuevos caminos. Pero esta tesis contrasta con las realidades de la visión del país y del mundo de los liderazgos más importantes del sector privado, de los principales medios de comunicación social, de las organizaciones guerrilleras en ascenso y de la política de los Estados Unidos en Centroamérica. La historia de El Salvador, particularmente en la década del setenta, es la dramática crónica de una guerra anunciada.

Estos son algunos de mis recuerdos... Ojalá otros participantes de estos diálogos compartan los suyos.

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  • golpe de Estado
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  • diálogo
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