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Sobre el maíz y los bebés: víspera de una revolución genética

Los bananos, el maíz, la lechugas, los perros, el ganado... todos estos organismos tal y como los conocemos hoy no existían de la misma forma hace unos cuantos milenios. El ser humano ha estado manipulando la genética de otras especies desde que comenzamos a interactuar con ellas, para agricultura, ganadería o domesticación.
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Inicialmente, esta forma de manipulación la logramos simplemente seleccionando los mejores individuos de una especie: las mazorcas mas grandes, los mejores bananos, el lobo menos agresivo al que alimentábamos con sobras de comida, las ovejas o vacas con mejores características. Así, lográbamos multiplicar aquellos ejemplares con características más favorables a nuestros deseos y con ello cambiamos, a lo largo de unos miles de años, la genética completa de varias especies.

Como ejemplo el maíz. Con siglos de reproducción selectiva hoy tenemos una planta que produce una mazorca 40 veces más grande que la que consumían nuestros antepasados cuando comenzaron a cultivarlo hace unos 10,000 años.

A principios del siglo XX este proceso tomó un curso más profundo. El descubrimiento del ADN, el descifrado de su figura helicoidal y estudiar el fantástico proceso con que sintetiza las proteínas que forman nuestro cuerpo abrieron una ventana a los fundamentos de la vida. Las técnicas de manipulación se perfeccionaron y mejoraron hasta crear organismos artificiales antes inconcebibles. En Wyoming, una granja tiene cabras modificadas con un gen de araña, y así producen la tela en su leche. Esta fibra es fuerte, biocompatible y fácil de manipular, con aplicaciones extraordinarias, como construir ligamentos artificiales que pueden ser trasplantados a humanos o manufacturar chalecos antibalas de inigualable resistencia.

Aun con todo lo logrado a la fecha, manipular el ADN toma tiempo, es imperfecto y, sobre todo, muy costoso. Pero una revolución se está fraguando desde hace unos años con lo que parece ser el siguiente paso exponencial en esta disciplina. Esta revolución se llama CRISPR (Clustered regularly interspaced short palindromic repeats) y promete cambiar la ingeniería genética para siempre.

Casi de la noche a la mañana, CRISPR ha logrado bajar los costos en un 99 %, reducir el tiempo a un par de días, aumentar significativamente su precisión y hacerlo con mínimo equipamiento.

¿Y qué es CRISPR? Es el arma de la guerra más antigua de la evolución, una entre las bacterias y los virus. Cuando un virus ataca una bacteria, esta activa un mecanismo celular que extrae parte del ADN del virus y lo guarda en un “archivo” genético. Al llegar una nueva infección viral, una proteína llamada CAS9 toma este código archivado y lo busca entre los atacantes, para cortarlo, y de esa forma matar el virus.

El chispazo de ingenio vino cuando descubrimos que el mecanismo del CAS9 es programable a nuestro antojo. Esto abre la posibilidad de tratar enfermedades como el cáncer, causado esencialmente por un fallo genético, simplemente utilizando el CAS9 para corregir el error. A principios de este año se aprobaron los primeros tratamientos de este tipo en EUA. La hemofilia, el síndrome de Down, huntington, y tantas otras enfermedades hoy parecen tener cura en el futuro próximo. La vejez, incluso, se podría revertir.

Con este gran poder, viene una gran responsabilidad. ¿Qué hay de quienes quieran “diseñar” a sus bebés? ¿O regímenes autoritarios que deseen subyugar genéticamente a sus futuras generaciones? ¿O superpotencias con soldados alterados? Muchos geneticistas y activistas consideran que el debate debe iniciarse ya ante un futuro inevitable. Independientemente de la opinión propia, es importante que el diálogo sea con argumentos razonados y no con prejuicios emocionales, religiosos o políticos. Debe, sobre todo, estar orientado a la maximización de la calidad de vida, no solo de los seres humanos, sino de todos los organismos que cohabitan el planeta.

Tags:

  • manipulacion genetica
  • adn
  • evolucion
  • virus
  • fallo genetico

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