Lo más visto

Más de Opinión

Sobre la independencia

Enlace copiado
José Enrique Argumedo - Exmagistrado de la Sala de lo Constitucional de la CSJ

José Enrique Argumedo - Exmagistrado de la Sala de lo Constitucional de la CSJ

Enlace copiado

Unidos aun con la disparidad de criterios, se logró la independencia; desunidos, nos arrastró a continuas guerras entre las antiguas provincias.

Conocido por muchos pero desconocido por más, es conveniente mencionar que el 15 de septiembre de 1821 se declaró la independencia “oído el clamor de Viva la Independencia que repetía de continuo el pueblo que se veía reunido en las calles, plazas, patio, corredores y ante sala de este palacio”, según se expresó al inicio del acta.

Se agregó en el punto 1º que “la mande publicar (el Jefe Político) para prevenir las consecuencias, que serían temibles en el caso que la proclamase de hecho el mismo pueblo”. Se encontraban presentes según el acta: la diputación provincial, el Sr. Arzobispo, los individuos de la audiencia territorial, el cabildo eclesiástico, el ayuntamiento, el claustro y consulado, el Colegio de Abogados, los prelados regulares, jefes y funcionarios públicos. (Respeto mayúsculas y minúsculas del acta). Ahí no se mencionan militares dispuestos a proteger a nadie ni con cualquier otra función. Fue un acto pacífico, aun con el clamor del pueblo.

Al someterse a discusión el tema de la independencia, el arzobispo de Guatemala, fray Ramón Casaus y Torres, fue uno de los opositores, pero prevaleció la opinión de los independencistas. Algunos autores dicen que no hubo recuento de votos, aunque el padre R. Cardenal menciona que fueron 23 votos a favor y 7 en contra y Mata Gavidia que “la Junta por unánime voto acordó levantar el Acta de Independencia”. Los contrarios aceptaron la decisión, tanto que se atribuye a José Cecilio del Valle que era de estos, ser el redactor principal del acta de independencia.

Se dio unidad en ese momento, aunque no existió antes ni después. El arzobispo con su poder que tenía y el resto de conservadores pudieron con Gabino Gaínza haber detenido el proceso de independencia, haciendo uso de las armas, utilizando la fuerza militar para impedirla; pero no lo hicieron. Lo anterior llevó a que el Dr. Alejandro Dagoberto Marroquín, en “Apreciación sociológica de la independencia salvadoreña”, escribiera: “El raro espectáculo de los criollos salvadoreños junto a los nobletes de Guatemala, un hombre de cerrada mentalidad feudal como el Marqués de Aycinena junto al tribuno republicano José Francisco Barrundia, un partidario de la Constitución de Cádiz como lo era el P. José Matías Delgado con un enemigo acérrimo de esa Constitución el arzobispo Casaus y Torres, el más rico de los propietarios añileros de la provincia de San Salvador Isidoro Castriciones y el arruinado añilero Manuel José Arce”.

Qué gran lección de unidad nos dieron en ese momento, ahí cesaron los epítetos de “gasistas” y “cacos” de un grupo para otro. Cierto que poco tiempo después vuelve la desunión por el tema de la anexión a México que se consumó el 5 de enero de 1822, favorecida por muchos de los que antes proclamaron la independencia. La posición que asumieron los patriotas salvadoreños de oposición es encomiable, pues fue una acción de desacato fundamentada.

La lección es que unidos aun con la disparidad de criterios, se logró la independencia; desunidos, nos arrastró a continuas guerras entre las antiguas provincias que nos terminó dispersando. Las 13 colonias del Norte de América que se independizaron de Inglaterra en 1776 terminaron constituyendo finalmente una república unida. Aquí en Centroamérica, nacimos juntos y terminamos separados, no pudimos ser amigos de la unión. Hay que saber manejar las discrepancias. Utilizar la capacidad de convencer en el diálogo y por sobre todo RESPETAR LA CONSTITUCIÓN Y LAS SENTENCIAS JUDICIALES.

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines