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Sobre los gobernantes...

La historia se repite a través de los siglos y en todas las civilizaciones, los pueblos progresan cuando tienen buenos gobernantes, honestos, capaces, de fuerte fibra moral, que cumplen y hacen cumplir la ley, tienen una visión clara de cómo desarrollar a su pueblo y proveerlo de lo que le corresponde al gobernante, a los más pobres salud, educación y oportunidades y ejecutan, no solo hablan.
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Rafael Castellanos / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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A los más favorecidos que no lo son, oportunidad de trabajar y desarrollarse, crecer y mejorar su patrimonio pagando impuestos justos, a cambio dando un buen servicio social. Entonces surgen sociedades prósperas, de los egipcios y los mayas a las democracias occidentales modernas. Los hombres no cambian en el fondo y motivaciones, solo cambian la época y las formas.

Cuando aparecen gobernantes ineptos, corruptos (en ese orden), con una fibra moral baja, que usan el poder para su bienestar y enriquecimiento en vez velar por los intereses de su nación, que se confunden con el poder temporal y creen que el país o región que gobiernan es como suya, se dan desastres. La economía, la salud, la educación, la infraestructura, la justicia y en general el funcionamiento de la sociedad se vuelve un desastre. Esto es así desde que se registra la historia.

Digamos que las situaciones planteadas son las opuestas químicamente puras, por supuesto no todo es blanco o negro, hay en el medio diferentes tonos de gris, siendo en este caso diferentes grados de mística y capacidad, diferentes grados de honestidad o corrupción y de acuerdo con esos diferentes matices camina la nación, pueblo, país o comarca, habrá algunos excepcionales, unos desastrosos y muchos en diferentes grados de funcionalidad y eficiencia social.

¿Son los gobernantes los que ejecutan cada obra en el país que va bien? La respuesta es un rotundo no. Los gobernantes dan las pautas, se encargan de que funcionen las instituciones, dan confianza y estímulos a los ciudadanos para que progresen, se encargan de tareas que les corresponden, entre las más importantes una casi ausente en El Salvador, la educación temprana, de niños de 0 a 3 años, esa etapa de la vida en que pueden aprender y desarrollar habilidades cognitivas a una velocidad y profundidad como nunca más en su vida, cambios en su cerebro, si se dejó pasar ese tiempo no se recupera. Hay mucho que le corresponde hacer al Estado, pero en las sociedades prósperas y con buena calidad de vida, los ciudadanos tienen una gran dosis de contribución, muy importante no infringir la ley, respetar el derecho y el espacio de los demás.

Hago un paréntesis aquí, el respeto a los demás es un seguro camino a una mejor sociedad. En ese tema impresiona Japón, los ciudadanos tienen extremo cuidado en no molestar al cercano, viajan en el metro con una mascarilla si tienen resfriado o síntomas para no contagiar a otros, llevan sus audífonos y viajan en su mundo sin molestar a nadie, en todos lados tienen extremo cuidado en no hacer contacto físico no deseado o accidental, señal de respeto. Tokio la capital, tiene unos 9.5 millones de habitantes, al salir de la estación del metro a la calle, es como un hormiguero por la gran cantidad de gente caminando apurada, en silencio. A mí se me pareció Nueva York en “mute” apagando el volumen.

En los países desastrosos sí son generalmente los gobernantes los grandes protagonistas, sí incapaces, corruptos, sin ninguna motivación superlativa para cumplir su deber, desde el que solo llega a hacer presencia, al que roba fortunas, todos son corruptos. Esas sociedades no pueden progresar, solo caer estrepitosamente como Venezuela, allí sí los gobernantes son los culpables, tanto los malos previos que llevaron al pueblo a votar por un dictador que arruinó ese y otros países y no se ve el fin aún.

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