Sobre los hombros

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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La clase media sigue cargando sobre sus hombros (pagando cada día más impuesto) los crecientes e ineficaces gastos públicos. Incontables jóvenes son coaccionados y llevan sobre sus hombros la escalada delincuencial que tiene de rodillas al país. Numerosas madres de familia cargan sobre sus hombros (sufriendo en silencio) la incorporación de sus hijos a bandas delincuenciales. Miles de niñas y adolescentes cargan sobre sus hombros (padeciendo calladamente) la violencia sexual de parte de pandilleros en barrios, comunidades y cantones.

Si a lo anterior se le suman las medidas antiinmigrantes y la expansión del crimen organizado en Centroamérica, se advierte un contexto desfavorable para la sociedad salvadoreña. Pronto empezará a desacelerarse el flujo de remesas (entran aproximadamente 5 mil millones de dólares al año) y a cerrarse la válvula de escape que ha aliviado la presión social a los gobiernos de turno en las últimas décadas.

Este panorama sugiere que la tarea número 1 es jerarquizar, establecer objetivos comunes y sumar esfuerzos. Hacer girar la vida nacional alrededor de la seguridad pública pareciera ser una decisión desacertada. Convendría, entonces, prestarle la atención debida a la seguridad humana (lo cual también comprende investigar, perseguir y castigar el delito). A continuación se plantean tres medidas que la sociedad civil podría considerar para rescatar el país.

Medida 1. Crear una red humana entre miembros de fundaciones, universidades, asociaciones, gremiales y movimientos hacia una meta común. De esa forma se generaría una “masa crítica” y reduciría la dispersión de la sociedad civil. La ONU verificó en 2017 que construir un plan de nación era inviable en el corto plazo. Una opción es conciliar acciones entre quienes comparten valores democráticos y crear un foro cívico permanente para tratar temas de interés nacional.

Medida 2. Identificar e impulsar las cosas que funcionan. Al respecto, la academia y los medios de comunicación podrían ayudar a identificarlas y difundirlas; por ejemplo, el modelo público-privado de los CDMYPE, la relación ganar-ganar entre universidad y sector productivo, las metodologías para una sana convivencia y las organizaciones gubernamentales que cumplen con la Ley de Acceso a la Información Pública. Hay buenas prácticas, no se parte de cero.

Medida 3. Priorizar el desarrollo local. Esto conduciría a que El Salvador se volcara a (1) mejorar los servicios y espacios públicos a nivel municipal, (2) propiciar la gestión escolar por medio de la integración de maestros, estudiantes, padres de familia y líderes comunitarios, (3) fortalecer el sentido de pertenencia de los niños vía actividades culturales y deportivas, (4) ampliar las oportunidades de inversión y empleo a nivel local.

Conclusión: la polarización, el clientelismo y el crimen mantienen agobiado al país. Esto seguirá así hasta que los ciudadanos y sus organizaciones no se hagan escuchar. Consiguientemente, es imperativo que los gobernados se informen y levanten su voz constructivamente durante y después de las elecciones 2018 y 2019. La clave está en que los gobernados entiendan que la democracia no solo es ir a votar y que los gobernantes adopten las estrategias requeridas para quitarles a las madres cabeza de familia, los jóvenes y la clase media la sobrecarga que llevan sobre sus hombros.

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