Sobrevivir para vivir

Vivimos en un ambiente sobrecargado de peligros, pero el peligro mayor es el miedo, que tiende a apoderarse de todos los resortes anímicos.
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Vivimos en una sociedad desajustada estructuralmente desde siempre, pero el peor desajuste de todos es la frustración, que neutraliza sin piedad los impulsos creativos. Vivimos dentro de una atmósfera asfixiantemente contaminada de carencias, pero la más autolimitante de todas es la sensación de no tener arraigo para el presente y para el futuro. Cuando nos detenemos a pensar en estas y en otras angustias que nos envuelven, lo que salta de inmediato es una pregunta ácida hasta la desesperación: “¿Es posible sobrevivir en tales condiciones?” Y la respuesta tiene que ser la mejor oportunidad para sentirse realmente vivo: “Sobrevivir es el requisito indispensable para vivir; y vivir es el único milagro a nuestro alcance”. ¿Con qué fuerza moral podríamos pedirle milagros a Dios si no honramos en cualquier circunstancia el milagro que traemos asegurado desde el primer instante en que nos es dado respirar? Hagámonos cargo, pues, de todos los desafíos existenciales que nos salen al paso, sean cuales fueren y como fueren. Eso es lo que se llama encarar el destino propio sin que el miedo, la frustración y las carencias hagan de las suyas...

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