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Sociedad educadora...

Según Francisco Caijao en “La sociedad educadora” (RIE-OEI, agosto de 2001), el rol de la escuela se está debilitando de manera ostensible debido al desarrollo de los medios de comunicación, de las tecnologías de la información (internet) y –agregamos– las redes sociales; también la ruptura de los patrones de organización familiar y los nuevos procesos de socialización inciden en el fenómeno.
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El fenómeno educativo es muy amplio, y no es exclusivo de la escuela; todo inicia en el marco socio-cultural de una familia, que pertenece a una comunidad y a una sociedad. Luego todo va educando a lo largo de la niñez y de la juventud: los amigos, los juegos, el deporte, los clubes, el ocio, la Iglesia, la publicidad, las noticias, nuestros héroes y referentes, etcétera; la cotidianidad misma marca la pauta y define el marco ético de las decisiones y el enfoque epistemológico de nuestra relación con la realidad.

En nuestro medio, particularmente en el Triángulo Norte, también educa el miedo, las pandillas, la impunidad, la ineficiencia, la corrupción, el clientelismo, la migración, la pobreza y la exclusión; las carencias, miserias, desorden y falta de recursos en las escuelas y hospitales también educan; igual la anarquía en el tráfico y el tirar basura en cualquier lugar. Esta es nuestra sociedad educadora...

Hacer políticas públicas para una “sociedad educadora mejor” supone invertir en la gente, en el capital humano; en efecto, agrega Caijao en su artículo: “Es evidente que el buen gobierno, la competitividad en la producción, la consolidación de comunidades solidarias, la credibilidad de las instituciones democráticas, el funcionamiento de la justicia y la participación ciudadana no son posibles si no existe un compromiso público alrededor de un conjunto de «ideas fuerza» que orienten la labor educativa en todas sus formas, niveles y modalidades”.

Lamentablemente nuestras “ideas fuerza educativas” están débiles... no solo no hay una visión de largo plazo –políticas de Estado– ni el financiamiento apropiado, tampoco existe conciencia sobre la necesaria tasa de retorno de las medidas implementadas, y la escuela pública sigue sin rumbo, con limitados recursos y resultados y, en una profunda precariedad y desmotivación de la gestión.

Si nuestro tejido social está débil y la intelectualidad del maestro no cumple su rol profesional, ¿en manos de quién están nuestros niños (as) y jóvenes?, ¿de las redes sociales, YouTube e Instagram?; ¿tendrá algo que decir el Estado al respecto?, ¿le preocupa el tema? Los peligrosos mediadores globales de la niñez y la juventud son el dinero, el consumo, las drogas, la pornografía, el alcohol, el individualismo, el éxito sin esfuerzo, estar conectados... banalizamos el sufrimiento y la tragedia con “selfies” y “likes”.

¡¡¡Debemos despertar!!! Y darnos cuenta de que nuestros estudiantes –hasta los de menos recursos– pasan más tiempo con sus celulares que con un libro en sus manos. No se trata de ir contra el auge tecnológico, eso no lo detendremos, porque son nativos digitales, pero sí debemos anteponer algunas pautas culturales y educativas para equilibrar este relajo que estamos aceptando y tolerando; la situación es gravísima.

Obviamente esto no es solo responsabilidad del Estado, también las empresas, los medios de comunicación, las cámaras, gremiales, organizaciones e iglesias deben contribuir y aportar soluciones. Como sociedad estamos “des-educando” o educando mal, desfigurando la realidad. La didáctica de los medios de comunicación impresos, noticieros, radio y TV es perversa, ya que su contenido nos refleja la ética resquebrajada de las instituciones y falsos líderes.

Con una tasa de 13 o 15 homicidios diarios –a la que tristemente nos estamos acostumbrando– podemos interpretar que “la vida no vale nada” y esto es muy peligroso y tiene sus causas...

Tags:

  • educacion
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