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Sofisticada o no, hay que identificar la violencia contra las ciudadanas

En naciones como la salvadoreña en la que hay un autoritarismo en ebullición y se recurre a cualquier herramienta intimidatoria para acallar a las voces críticas o disidentes, figuran los ataques que cazan en la categoría de odio de género pero camuflados como crispación ideológica o intercambio político. Muchas expresiones de esa naturaleza, utilizadas en las redes sociales y no necesariamente bajo el cobijo del anonimato, esconden misoginia, desprecio por la condición femenina, por su participación en la discusión pública y ni se diga en la contraloría del poder.

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Sofisticada o no, hay que identificar la violencia contra las ciudadanas

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El reducto fundamental de la violencia contra la mujer es naturalizar la violencia misma. Esa naturalización opera en distintas vías y puede incluir hasta argumentos con pretensiones racionales, pasando por enunciados más chabacanos y por supuesto a referencias a las creencias, a la cultura y a la inspiración de la familia.

Y precisamente el principal problema que enfrentan las mujeres de este siglo no son las construcciones más vulgares desde las cuales se cuestiona su rol como ciudadanas, profesionales, educadoras y/o proveedoras de la familia, sino los más sofisticados. Entre ellos, en naciones como la salvadoreña en la que hay un autoritarismo en ebullición y se recurre a cualquier herramienta intimidatoria para acallar a las voces críticas o disidentes, figuran los ataques que cazan en la categoría de odio de género pero camuflados como crispación ideológica o intercambio político.

Muchas expresiones de esa naturaleza, utilizadas en las redes sociales y no necesariamente bajo el cobijo del anonimato, esconden misoginia, desprecio por la condición femenina, por su participación en la discusión pública y ni se diga en la contraloría del poder. El uso de este ejemplo en estas líneas no es fortuito: aunque después de la más reciente campaña electoral el recurso a esas vejaciones y linchamientos de orden sexista se ha constreñido ahora a la guerra sucia contra salvadoreñas de perfil crítico y potencia profesional, ilustra el agravio doble al que están expuestas las ciudadanas.

No se trata de que las ciudadanas sean más frágiles que los ciudadanos sino de que hay un modo especializado de agredirlas en el elemental escenario de la participación política y en la discusión de la agenda social. A la persecución del pensamiento crítico se añade entonces la descalificación de su papel, de sus ideas y de su valor como persona precisamente por su singularidad primigenia, que es el de ser mujer.

Por eso, aunque en algunos países la sociedad avance cada cierto tiempo hacia mayores grados de civilidad, siempre hay una frontera, un límite en el grado de conmoción que sus contrapartes pueden experimentar ante la violencia contra las mujeres. En muchas culturas, confesiones religiosas y órdenes de la vida cotidiana, millones de personas son perseguidas sólo por lo que son, por la sensibilidad, el modo de entender el mundo y de vivir familia, aprendizaje y sociedad que les abre su sexualidad femenina.

El único modo en el que Estados, naciones y sociedades pueden garantizar que estas realidades sean abordadas con ética y respeto, rehuyendo las simplificaciones culturales, la descontextualización histórica o el manoseo político, es construyendo suficiente institucionalidad para identificar, educar y perseguir la violencia contra la mujer. De ese compromiso profundo con sus ciudadanas nunca un ordenamiento constitucional y jurídico sacará sino más humanidad, más dignidad para la familia y más justicia.

Lamentablemente, hay que recordarlo en esa clave y no en positivo cuando la esfera administrativa del Estado que debería reconocer la singularidad femenina sin juicios de ninguna índole parece cebarse con las víctimas de crimen, violencia y exclusión pero de manera doble con las mujeres que lo sufren, una tara en el alma del gobierno que fue ilustrada hace algunas semanas con el maltrato sufrido por la madre de dos hermanos que continúan desaparecidos.

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Tags:

  • violencia contra la mujer
  • odio de género

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