Sólo se logrará que las condiciones de vida vayan mejorando progresivamente si hay una política integrada e integradora que lo haga factible

Ahora se sabe que, más allá de las etiquetas, lo que hay que garantizar es que lo público y lo privado interactúen de modo vivificante, cada quien en sus áreas y con sus atribuciones respectivas, dentro de los marcos del régimen democrático de libertades.
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En la medida que van avanzando los dinamismos democratizadores en nuestro complicado ambiente se hace cada vez más notoria la necesidad de poner en práctica nuevas iniciativas estratégicas que aseguren una creciente estabilidad y den pie para que los ejercicios del desarrollo vayan siendo cada vez más exitosos en la línea que se requiere. Y en este punto hay que tener siempre presente que el desarrollo, sus condiciones, sus proyecciones y sus formas también van evolucionando al ritmo de los tiempos, y por eso lo que funcionó en un momento determinado puede dejar de hacerlo en otro momento, como se puede constatar en un mundo como el actual, en el que muchas dinámicas exitosas del pasado han dejado de serlo en el presente.

Uno de los puntos esenciales en toda esta temática es el que se refiere a la puesta en marcha de un eficiente modelo de oportunidades que pueda insertarse de manera natural tanto en el sistema de vida como en el modelo de progreso. En los tiempos que corren, ya no son sostenibles esas visiones ideológicas que buscan sustituir el modelo, y que durante tantas décadas mantuvieron en pie, cada más vez artificiosamente, las opciones excluyentes: capitalismo y socialismo. Ahora se sabe que, más allá de las etiquetas, lo que hay que garantizar es que lo público y lo privado interactúen de modo vivificante, cada quien en sus áreas y con sus atribuciones respectivas, dentro de los marcos del régimen democrático de libertades.

El enfoque sobre las condiciones de vida tiene que abarcar todos los aspectos de dicha realidad factual. Tal realidad no se agota por supuesto en los términos económicos de la condición personal ni en el acceso apropiado y suficiente a los servicios públicos, que son sin duda elementos muy significativos y representativos de la buena marcha del país: hay que hacer viable el desarrollo de los seres humanos y de sus grupos inmediatos hasta donde sus voluntades y sus capacidades lo posibiliten. En tal sentido es indispensable poner a disposición de todos los salvadoreños la amplísima gama de metas que son realizables en los tiempos actuales en los distintos círculos de la realidad nacional, regional y global.

E insistimos aquí en una consideración que es orientadora de lo que hay que proponerse en relación con las condiciones de vida: no se trata simplemente de asegurar bases de supervivencia, sino de impulsar objetivos de perfeccionamiento y de autorrealización en el completo sentido de tales términos. Es labor humanística, humanitaria, reafirmadora y justiciera a la vez. Es por ello que subrayamos el concepto de propuesta evolutiva convertida en programa de mejoramiento integral, que es lo que siempre debe buscarse.

Basta hacer un somero enfoque sobre aquellas sociedades y naciones que han logrado mantener su ritmo de desarrollo y su estabilidad básica para constatar que la clave está en la existencia de un plan integral y en el acompañamiento de un consenso bien sustentado. Esto es lo que posibilita que en tales sociedades y naciones su población prospere dinámicamente y su estabilidad pacífica sea sostenidamente ejemplar y ejemplarizante.

A esos niveles tenemos que aspirar, aun en el entendido de que para un país como el nuestro el reto es mucho más complejo y lleno de aristas. Pero lo peor que podría ocurrirnos es tirar la toalla antes de agotar todos los intentos.
 

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