Soluciones inteligentes en seguridad alimentaria

Casi una cuarta parte de todos los alimentos en el mundo se pierde cada año en la ruta desde la recolección hasta el almacenamiento de desperdicios en la cocina del consumidor. En América Latina, más del 25 % de todos los alimentos se desperdicia. Si pudiéramos reducir a la mitad los residuos de América Latina, el continente podría alimentar a 100 millones de personas más.
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Esto es importante, ya que a escala mundial podemos esperar casi una duplicación de la demanda de alimentos hacia el año 2050. Esto se debe a que el mundo añadirá otros dos mil millones de bocas para alimentar.

¿Cuál es la mejor manera de aumentar la seguridad alimentaria? Evitar desechos en la cadena alimentaria parece una muy buena manera de aprovechar al máximo las cosechas que cultiva un agricultor.

En el mundo rico, la atención se centra principalmente en los residuos de alimentos, siendo los consumidores de los hogares más ricos quienes desechan más porque pueden permitirse el lujo de comprar de más “solo para estar seguros”. Los pobres del mundo, en comparación, pierden menos de su alimento simplemente porque no pueden permitirse hacerlo. En África, el desperdicio de alimentos priva de 500 calorías por persona por día –pero solo el 5 % es perdido por los consumidores. Sin embargo, más de las tres cuartas partes se pierden en la producción agrícola.

Hay muchas soluciones inteligentes –desde la simple curación de raíces, tubérculos y bulbos, a la costosa refrigeración. Todas estas tecnologías son muy buenas inversiones en los países industrializados, entonces, ¿por qué no se adoptaron en el mundo en desarrollo? El principal problema es la falta de infraestructura. En pocas palabras, si no hay caminos adecuados, los agricultores no pueden vender fácilmente sus productos excedentes, que luego pueden estropearse antes de que puedan ser comidos. Los investigadores encontraron cuatro factores clave que podrían hacer una diferencia real en las pérdidas en la cadena alimentaria: suministro de electricidad, caminos pavimentados, capacidad ferroviaria y capacidad vial. Ellos estiman que el costo global para reducir aproximadamente a la mitad las pérdidas posteriores a la cosecha en el mundo en desarrollo sería de $239 mil millones durante los próximos 15 años, pero eso generaría beneficios de poco más de $3 billones, generando $13 de beneficios económicos por cada dólar gastado.

Para 2050, una mejor infraestructura podría significar que más de 57 millones ya no estarían en riesgo de padecer de hambre. En particular, alrededor de 4 millones de niños ya no sufrirán de desnutrición.

Pero resulta que hay un objetivo aún mejor referido a los alimentos. Por dólar gastado, podemos lograr el triple de beneficios económicos y mayores reducciones en el número de personas en riesgo de hambre y en el número de niños desnutridos enfocándonos en una mayor eficiencia, más que en la prevención de las pérdidas de los alimentos.

Hoy en día, solo alrededor de $5 mil millones se gastan cada año en investigación para mejorar los siete principales cultivos de alimentos mundiales, y solo el 10 % de eso está destinado a ayudar a los pequeños agricultores de África y Asia. Invertir un adicional de $88 mil millones en I+D en agricultura durante los próximos 15 años va a aumentar los rendimientos por un adicional de 0.4 % al año. Esto reduciría los precios y mejoraría la seguridad alimentaria para dar casi $3 billones en beneficios, un enorme valor de $34 de beneficio por cada dólar gastado.

Esta nueva investigación argumenta fuertemente a favor de incluir los objetivos en materia de investigación de productividad y residuos agrícolas a nuestras promesas para 2030.

Tags:

  • africa
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