Somos todos Venezuela

Lo que ahora se le está diciendo a Maduro es que esas elecciones son fraudulentas ya antes de llevarse a cabo; que lo son por su irregular convocatoria, por las proscripción de partidos y dirigentes de la oposición y por la existencia de presos políticos.
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Danilo Arbilla / Periodista uruguayo, expresidente de la SIP

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Periodista uruguayo, expresidente de la SIPCada vez hay más acuerdo: Nicolás Maduro ha hundido a Venezuela, es un dictador y además es una persona que resulta desagradable. Es un histrión ridículo; risible, si no fuera por lo que hace y lo que le cuesta en todos los sentidos a los venezolanos.

Pese a que el “desagrado” que genera Maduro se explica, no me parece tan clara la decisión del gobierno del presidente Pedro Pablo Kuczynski de Perú, de no invitar a Maduro a la VII Cumbre de las Américas organizada por la OEA a realizarse en ese país en abril próximo. Pienso que la concurrencia y participación en ese tipo de reuniones internacionales, sea quien sea, no puede ser determinada a antojo del país sede. Son reuniones de puertas abiertas. Venezuela es miembro de la OEA y como tal hay que respetarlo; o tragárselo, si se quiere. Además, qué necesidad de transformar en víctima a Maduro. Y por otro lado ¿por qué no aprovechar la ocasión para decirle en la cara lo que hay que decirle de una vez por todas?

La que sí es pertinente es la decisión de la OEA reclamando a Venezuela que postergue las elecciones presidenciales previstas para el 22 de abril.

Ello corresponde; es obligación de la organización defender los derechos humanos en función de lo que dice y compromete a todos los miembros, el pacto de San José de Costa Rica y la propia declaración universal (y esto debe ser subrayado) de DDHH de la ONU. La OEA a su vez tiene que velar por la vigencia y respeto de la Carta Democrática interamericana. Venezuela rebasó la Carta hace rato y en eso la OEA está en falta. Es hora entonces que le advierta al chavismo y a Maduro que se están apartando de la carta y del sistema democrático. Que se le diga que estas elecciones que convocó para abril no legitiman ni legitimarán su presidencia y a su gobierno, de la misma manera que no es legítima la Asamblea Nacional Constituyente.

Lo que ahora se le está diciendo a Maduro es que esas elecciones son fraudulentas ya antes de llevarse a cabo; que lo son por su irregular convocatoria, por las proscripción de partidos y dirigentes de la oposición y por la existencia de presos políticos.

Y en eso hay poca discordancia. Solo quedan algunos países “militantes bolivarianos” y quizás petróleo-dependientes. En este sentido el caso de Uruguay se hace relevante por cuanto cambió su voto y se sumó a los países que apoyaron la resolución de la OEA. Uruguay, si bien no es parte activa del grupo ultra bolivariano (Bolivia, Ecuador, Nicaragua), hasta ahora siempre “ha acompañado” a Venezuela, a Chávez y a Maduro. Esa vez no, y así lo explicó su ministro de Relaciones Exteriores, Rodolfo Nin Novoa: “¿Uruguay iría a unas elecciones con dirigentes políticos presos, con un Poder Judicial que responde a las directivas de un Poder Ejecutivo, a unas elecciones con partidos proscritos? Yo creo que no. Y lo que no queremos para nosotros no queremos para otros”.

Se trata de “una elección de partido único que nos preocupa”, sentencio el canciller uruguayo.

En el partido de gobierno uruguayo –la coalición de izquierdas Frente Amplio– no todos están de acuerdo con lo decidido por el presidente Tabaré Vázquez. Comunistas, Tupamaros y otros grupos radicales criticaron la medida y por supuesto hablaron de “injerencia”, en claro doble discurso. Son los mismos que apoyan y apoyaron otros tipos de injerencia, cuando ideológicamente las veían bien, como surge de su propia tesitura frente a iguales situaciones. Son los que aplaudieron al gobierno venezolano cuando rompió relaciones con el régimen dictatorial militar uruguayo y muchos de los cuales encontraron amparo en suelo venezolano. Y se trataba entonces de un gobierno venezolano no chavista; concretamente era el gobierno de los que hoy son perseguidos, de los que están presos o en el exilio y que no pueden participar en las elecciones convocadas por Maduro. En el caso uruguayo, entonces, además de doble discurso hay ingratitud.

Para los derechos humanos no hay fronteras y no se puede hablar de injerencia ni de temas ajenos. Es así en sí mismo y lo es en la práctica, porque la gente huye a otros países escapando de los regímenes dictatoriales y más cuando a la falta de libertad se suma la falta de alimentos y medicinas, el hambre y la miseria.

También es un tema interno. Nunca es ajeno.

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