Sonrisas y burbujas

A pesar de las sonrisas que caracterizan a los salvadoreños, existe un resentimiento profundo y una verdadera frustración ante tanta injusticia, corrupción, incompetencia, inequidad y desigualdad social. Un disgusto que carga mucha violencia y hace que progresivamente esas sonrisas se vean cada día más tristes y temerosas.

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Nathalie Schwartz / Economista

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Los niveles delincuenciales y de criminalidad se van agudizando cada vez más en el país. Se vuelve ineludible revertir esos fenómenos que atormentan a toda la sociedad salvadoreña. Vital brindar esperanza a los jóvenes ofreciéndoles finalmente acceso a oportunidades educativas, formativas y laborales decentes. Indispensable visualizar un verdadero cambio para El Salvador. Necesario elegir a nuestros futuros representantes por su competencia, probidad, integridad y su capacidad de cambiar el statu quo atrofiante del país.

Ante esta dramática situación, la población vive en burbujas que se vuelven cada día más frágiles. La mayoría de las burbujas son burbujas de exclusión. Numerosas son opacas y amenazadoras, cuantiosas son trágicamente oscuras y aterradoras. El resto de las burbujas son más favorables y seguras.

Si queremos romper esas burbujas y volver a ver las sonrisas de antaño, es indispensable unirnos para cambiar sustancialmente lo que se ha hecho hasta ahora.

El Salvador puede cambiar si empezamos a creer que es posible un El Salvador diferente. Descartando el miedo, la resignación, el enojo, el clientelismo, el egoísmo, la incompetencia, los intereses privados y/o oscuros.

El Salvador puede cambiar, si lo visualizamos y elevamos la perspectiva para el país.

El Salvador puede cambiar, si dejamos las malas prácticas para emprender el camino de las buenas practicas.

El Salvador puede cambiar, si renunciamos a defender a los indefendibles (corruptos, evasores y los que no cumplen con las leyes laborales).

El Salvador puede cambiar, si comprendemos que gran parte de la violencia proviene de la exclusión social.

El Salvador puede cambiar, si entendemos que el país tiene que librarse poco a poco de sus cargas (pobreza, desigualdad, injusticia, ecología, falta de ética y de oportunidades).

El Salvador puede cambiar, si dejamos el individualismo y nos enfocamos en el bien común.

El Salvador puede cambiar, si promovemos apuestas estratégicas e inversiones en todo el país.

El Salvador puede cambiar, si contribuimos todos, si somos solidarios y responsables fiscal y socialmente.

Así como dijo Gaspar Melchor de Jovellanos: “Bien están los buenos pensamientos, pero resultan tan livianos como burbuja de jabón, si no los sigue el esfuerzo para concretarlos en acción”.

Esforcémonos todos para que los buenos pensamientos se conviertan en acciones concretas.

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