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¡Soy viejo! ¿Y ahora qué?

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Astul Yanes - Director general Yancor Coaching & Mentory

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Hace unos días conducía mi vehículo en un pasaje angosto y coincidí con otro automovilista que venía en dirección opuesta. Como no podíamos circular al mismo tiempo, el tipo se bajó a insultarme y a reclamarme que era sentido único y que retrocediera. De inmediato, acudió en mi defensa el dueño de una tienda cercana, quien de forma enérgica le dijo que era doble sentido, que no fuera malcriado y que si me estaba maltratando de esa forma era porque me veía viejo. Cuando escuché esto no supe con quién debía enojarme más, si con el conductor violento o con mi "defensor", quien me había llamado viejo.

Cuando llegué al trabajo aún resonaba en mis oídos la palabra "viejo", y por alguna razón se me vino a la mente el "Informe sobre Desarrollo Humano El Salvador 2018 ¡Soy joven! ¿Y ahora qué?" presentado recientemente por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Entonces reflexioné en la propuesta reiterada que hace este documento sobre la necesidad de un "gran pacto intergeneracional en pro de la juventud", este pensamiento fue tranquilizando mis ánimos, pues poco a poco se me vinieron a la mente algunas ideas sobre lo que miles de viejos podríamos aportar en ese gran pacto intergeneracional, en beneficio de nuestros jóvenes salvadoreños.

Pensé en las personas de la tercera edad que guardan en su memoria la historia de los pueblos, sus personajes, tradiciones y costumbres, sus leyendas y anécdotas. Me las imaginé en las Casas de la Cultura, en los centros educativos, en los parques, compartiendo esa riqueza histórica con la niñez y juventud de sus comunidades. Qué valioso sería –desde el punto de vista humano– ese encuentro vivencial entre estas dos generaciones. Qué importante sería no desperdiciar ese caudal de sabiduría popular que está ahí en los discos duros de nuestros ancianos.

Medité en el caudal de experiencia y sabiduría que tienen los adultos mayores profesionales del país, activos o jubilados, que bien puede aprovecharse para crear programas extracurriculares de mentores y tutores voluntarios en apoyo a los jóvenes que estudian o que están iniciando su vida laboral.

Me imaginé a la gente mayor abriendo su casa, su mente y corazón para compartir sus conocimientos y experiencia profesional con nuestros muchachos, esos chicos que pronto tomarán las riendas de este país. Estoy seguro de que muchas personas que permanecen en sus casas ya retiradas (gerentes, directores, jefes, empleados) estarían dispuestas a sumarse a un programa de voluntariado como este. "Es una forma de hacer patria".

También pensé en todos los ancianos artesanos que viven a lo largo y ancho del país. Tenemos una gran riqueza en este campo. Cuántas iniciativas se podrían poner en marcha para que los jóvenes aprovechen la capacidad y creatividad de nuestros artesanos en beneficio de su formación profesional.

Es obvio que el pacto intergeneracional que propone el Informe del PNUD es algo que no podrá lograrse sin el concurso directo del gobierno y de la empresa privada. Pero también es cierto que es un compromiso de todos los salvadoreños contribuir a que nuestra juventud tenga las oportunidades para desplegar todas sus capacidades y fortalezas positivas.

Estoy convencido de que los viejos no vamos a generar un "old age quake" (terremoto de la vejez) en el país, pero algo podemos hacer todavía para que El Salvador sea un mejor lugar para vivir.

Después de todo, le agradezco al conductor agresivo y al dueño de la tienda por darme un motivo para escribir estas líneas.

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