Su Majestad: el billete

En un mundo politeísta, pero específicamente en este país, lo que predomina es el culto al dinero o la ansiedad de poseer bienes y cosas tangibles, todas en función de su valor y del prestigio que causa su posesión.
Enlace copiado
Su Majestad: el billete

Su Majestad: el billete

Su Majestad: el billete

Su Majestad: el billete

Enlace copiado
Por ese afán en el mundo entero se ha suscitado el desamor al prójimo y para no referirme a casos específicos, tampoco a hechos protagonizados por tantos personajes que registra la historia, basta con recordar al de las treinta monedas o mencionar simplemente que por ese culto al billete se ha propagado la plaga llamada corrupción generalizada.

La peste o epidemias como todos sabemos es una enfermedad infectocontagiosa que más muertes ha causado a lo largo de la historia. La corrupción como un derivado de ese culto al dinero se ha propagado de generación en generación y ha hecho tanto daño como la peste, al propiciar un mal que ha provocado un estancamiento integral país.

Y es que la ansiedad, el efecto demostración, la alteración de la escala de preferencias, mencionados en anteriores ensayos, no se ha traducido en este país en un afán de superación, como medio de progreso individual, sino lo que se ha propagado es una imitación de cultura de consumismo que no nos pertenece, puesto que no somos productivos, ni competitivos y no hemos escalado con productividad niveles graduales de poder de compra.

En este país existe una subcultura de imitación de estándares de posesión de bienes suntuarios (se prefiere un vehículo del año a una modesta casa). No existe una gradualidad de satisfacciones personales, empezando por un afán de superación y profesionalización como un signo de desarrollo humano y distinción social.

La cultura del ahorro debió de existir en ese trayecto de formación, que de haber continuado podría haber ampliado una clase media con poder de compra gradual y la preservación de esa cultura de ahorro. La negación sistemática a una educación generalizada se señala como culpable.

Los avances tecnológicos y la globalización acabaron con el proceso de industrialización e inversión doméstica y extranjera en ciernes y gran parte de la población abandonó ese proceso de aprendizaje productivo-competitivo, basado en la productividad de una mano de obra con salarios competitivos, y el consumismo se aceleró con la proximidad óptica de las vitrinas del mundo entero.

La compulsión de poseer dinero fácil se expandió. El comercio de productos importados en el sector formal e informal ha aumentado. Los servicios sin factura y sin cobro de impuestos es toda una costumbre, la evasión en el sector informal compite en cuantía con el formal y la obsesión del billete comienza desde temprana edad.

Los servicios lícitos e ilícitos de todo tipo se han expandido a tal grado que por el billete hay personas que son capaces de cometer toda clase de delitos y de extorsión al prójimo. Este país dejó de ser el de la eterna sonrisa y se ha convertido el del luto permanente. Ya no se habla de homicidio, se habla de masacre. La guerra no terminó, se firmó un Acuerdo de Paz, pero no llegó ni siquiera a entendimiento, la guerra interna continúa, con diferentes actores y se prolonga generacionalmente.

En oriente ya no es un carnaval de diversión, ahora es carnaval de homicidios. Y la polarización continúa, la negación sistemática a los acuerdos básicos persiste, como si fuesen esas actitudes de los políticos la clave para la permanencia de un país en caos, en corrupción permanente y de cultura de pleitesía a Su Majestad, el billete.

Lee también

Comentarios

Newsletter