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¿Subsidiando el crimen o invirtiendo en el futuro?

Ni estudian ni trabajan. No, no estoy hablando de nuestros intachables funcionarios públicos, sino de un grupo demográfico: los “ninis”. Ser “nini” por lo general es sinónimo de ser perezoso y haragán. Es pertenecer a un grupo que no aporta nada, ni trabajo ni impuestos ni algún esfuerzo académico que pueda ser de utilidad a futuro. Son vistos como parásitos que viven a costillas de la población que sí trabaja.
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Según un estudio de FUNDAUNGO, 26 % de los jóvenes en El Salvador entre 16 y 29 años son “ninis”. Esto significa que alrededor de 400,000 jóvenes no tienen movilidad social ni posibilidades de superarse. Aunque siempre habrá quienes no trabajan por haraganería, es justo contextualizar la realidad en la que se vive en El Salvador, como lo hizo muy bien Mariana Belloso en su columna “Ninis a la fuerza”. En un país donde te pueden matar por cruzar fronteras invisibles el simple hecho de salir a trabajar implica arriesgar la vida. Y lo es mucho más para los jóvenes, presa fácil y vulnerable de las pandillas.

Esta semana el presidente Sánchez Cerén anunció un plan del gobierno central, “Jóvenes con todo”, para aliviar la situación de los “ninis”. Según explicó a grandes rasgos, el plan pretende proveer una “ayuda económica” por una duración de 12 meses a unos 15,000 jóvenes que ni estudian ni trabajan. Esto con el fin de crear más mecanismos de prevención de violencia para que los jóvenes tengan menos incentivos de unirse a una pandilla. Lo cual no deja de llamar la atención ya que 80 % de los “ninis” son mujeres y el fenómeno de las pandillas está dominado casi en su totalidad por hombres.

Las intenciones del plan “Jóvenes con todo” podrán ser nobles, pero como ciudadanía debemos ver un poco más allá de intenciones y cuestionar elementos del proyecto.

Primero, ¿cómo es la naturaleza del apoyo? ¿Es realmente un subsidio? ¿A quién llega el dinero y quién rinde cuentas? No es de extrañarse que varios veamos con escepticismo los programas de esta administración. Una administración que ha negociado con pandilleros y les permite tener torneos de playstation en centros penales también es capaz de usar programas que suenan bonito para pagarles “favores” por acuerdos hechos bajo la mesa. Si en cambio es un programa de pasantías o educación técnica coordinado con universidades, empresa privada y municipalidades puede tener un potencial positivo.

Segundo, ¿cuál es el alcance del programa, el costo y las metas específicas? Como ciudadanos que financiamos con nuestros impuestos estos programas como mínimo debemos saber: cuánto nos va a costar, de dónde va a salir ese dinero, el período de duración del programa y las métricas por las cuales se medirá el éxito o fracaso del mismo. Un programa medianamente serio debe incluir y considerar estos componentes.

En un país donde luchar diariamente por la vida obliga a muchos a ser cortoplacistas no está mal pensar a largo plazo. Lo que estaría mal sería improvisar políticas cascarón o, peor aún, aprovecharse de la condición desfavorable de los “ninis” para vendernos un plan que realmente financia pandillas. Lo mejor que podría hacer esta administración es definir y comunicar extensivamente cómo piensan implementar “Jóvenes con todo”. Seguir improvisando programas pegados con saliva por obtener votos es seguir haciendo lo que tanto criticaron durante 20 años.

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