Sufragio o naufragio

Los comicios de 2015 para elegir diputados, alcaldes y miembros del PARLACEN pasarán a la posteridad, no por la tecnología aplicada y experiencia, sino por una serie de desaciertos: arbitrariedad, improvisación, negligencia e incapacidad, en la cual puso sello personal el presidente del Tribunal Supremo Electoral, organismo vigilante de su desarrollo, ignorando pasos colegiados e impidiendo, a veces, que las instituciones inherentes cumplieran sus funciones, además, recargo laboral en las mesas.
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Como ejemplo, un capitán de barco, responsable del timón de ruta, asume riesgos por el bien colectivo, previene naufragios con la aplicación de decisiones acertadas y justas. No busca culpables, porque eso empaña más su imagen. Conducta parecida debe observar quien tiene la responsabilidad de conducir un timón de tanta trascendencia, como son los comicios, de donde surgen sucesos influyentes para la vida nacional y la democracia.

A los nuevos legisladores les espera mucho trabajo; deben revisar situaciones sujetas a modificación, primordialmente separar funciones en el tribunal electoral: la operatividad administrativa no debe tener injerencias partidarias. Asimismo, si el nombramiento de presidente de la Asamblea Legislativa se decide por discusión de las fracciones, debe tomarse en cuenta para ese otorgamiento la ventaja surgida de la votación: ¿quién obtuvo más diputados?, ¿alcaldías a favor?, más un factor agregado: las cabeceras departamentales ganadas. La Asamblea debe iniciar su gestión con una directiva que enderece entuertos y restablezca confianza.

Durante la euforia de las elecciones, fue notorio el uso de la palabra transparencia en discursos de plaza y propaganda, mas, en realidad, ha sido nulo su cumplimiento. Los funcionarios siempre han ocultado ante la ciudadanía graves señalamientos. Ejemplo claro: el irrespeto del presidente del Órgano Legislativo a las resoluciones jurídicas de la Corte y de otras instituciones.

La impunidad prosigue, a pesar de los organismos creados con supuestas herramientas para cumplir sus fines. ¿Cuándo funcionarán con eficacia para contrarrestar la desobediencia estatal?

Sin la acuciosidad de los medios de información no saldría a la luz tanta falta de transparencia; máxime ahora que de manera progresiva se quiere crear una cadena de divulgación estatal. Su intención es limitar espacios a la noticia veraz y al trabajo periodístico responsable. No les agrada la crítica y el cuestionamiento. Sabia aplicación tiene la frase de Enoch Powell, quien expresó: “Los políticos que se quejan de los medios informativos parecen marineros que se quejan del mar”.

Es de esperarse que los habitantes de los municipios y de otras áreas de influencia hayan anotado las promesas de los candidatos para corroborar, al correr el tiempo, si lo ofertado tiene coincidencia con los hechos.

Grábense en la memoria, señores funcionarios electos, que están al servicio del pueblo y que con esa finalidad, recibieron su voto.

Sería una lástima que la voluntad de los votantes, su sacrificio y paciencia, no se reflejara en una nueva dinámica de trabajo. Para ello deben, más a menudo, abandonar su confort, su entorno protector y cambiar su polarizada percepción de las cosas. La publicidad, sin los festones populistas, no resiste a la evidencia de la falta de techo, trabajo, alimento, salud y seguridad que agobia a miles de salvadoreños.

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