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"Súperpoderes para combatir el covid-19"

La discusión no debe ser sobre oponerse a las cuarentenas o a las reaperturas, sino sobre qué es necesario hacer en cada momento específico.

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Claudia Ortiz - Abogada y consultora en políticas públicas

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Para combatir la emergencia por covid-19 en el país, los superpoderes que el gobierno necesita no se llaman estado de excepción o compras "de emergencia", sino reconocer a la ciencia, capacidad de crear consensos nacionales y transparencia en los datos. La disposición a tomar acciones radicales no es suficiente porque la tensión entre la seguridad sanitaria de las cuarentenas y la inseguridad económica –incluso alimentaria – por no producir ingresos es real. Todos los salvadoreños, de todas las edades y condiciones sociales, estamos haciendo sacrificios monumentales para tratar de salvar vidas y ese esfuerzo puede caer en saco roto si el problema sigue viéndose con los ojos miopes de nuestros actuales liderazgos políticos.

No existe confianza suficiente acerca de la precisión de los datos oficiales sobre la evolución de la pandemia en el país, esto por diversas razones: albergados en centros de contención que denunciaron la no entrega de los resultados de sus pruebas, injerencia de asesores políticos extranjeros (que no son médicos) en el cronograma de procesamiento de pruebas y más recientemente el lineamiento de limitar la aplicación de pruebas de covid-19 a los casos más críticos –diagnosticando los demás como sospechosos–, así como el alto número de casos de neumonías que difieren de los niveles esperables en el país para la época del año, entre otros.

Combatir el covid-19 implica, pues, un monitoreo constante y en tiempo real de los datos de la pandemia en el país para ir ajustando sobre la marcha las acciones a tomar desde el Estado y la sociedad. ¿Qué datos? Por ejemplo, número diario de nuevos contagios, porcentaje de ocupación de UCI, relación entre número de pruebas hechas y resultados positivos, número de reproducción efectivo R(t) del virus, entre otros.

Los líderes electos, tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, adolecen de un reduccionismo tan absurdo como peligroso; ya sea por poca comprensión del fenómeno, rigidez mental o por conveniencia electoral. Las únicas dos soluciones a la crisis no pueden ser o la apertura desordenada o el cierre total. El problema es entender a la cuarentena como medida indefinida y a la reapertura económica como una programación de fechas inflexible que va solo hacia adelante sin importar lo que pase alrededor. La cuarentena debe tener márgenes de acción que haga posible su cumplimiento y realizarse respetando la legalidad, la dignidad humana y el sentido común. A su vez la reapertura debe ser flexible con la posibilidad tanto de avanzar como de retroceder según la evolución de los contagios.

Los especialistas a nivel mundial hablan de cuarentenas intermitentes en los meses por venir. El experto epidemiólogo estadounidense Michael Osterholm ha dicho que "el mundo está manejando esto como si ya casi hubiéramos terminado" y menciona además que es difícil prever si una vez superada la etapa más crítica de contagios podría haber nuevas olas. Por tanto, la discusión no debe ser sobre oponerse a las cuarentenas o a las reaperturas, sino sobre qué es necesario hacer en cada momento específico para que el sistema de salud pueda asumir los nuevos rebrotes, manteniendo la incidencia de casos en un nivel manejable y sacrificando lo menos posible el bienestar económico y la estabilidad democrática.

En los países donde la reapertura ya ha avanzado empiezan a reportarse rebrotes y por consiguiente las autoridades se ven en la necesidad de volver a endurecer las medidas sanitarias y de distanciamiento físico. Este ir y venir entre relajamiento y endurecimiento de las medidas es algo que debemos esperar, porque en el manejo de esta crisis el enfoque es, más que de pasar la página, de aprender a navegar entre un risco y un acantilado. Pero para esa delicada operación ni los gobiernos ni los ciudadanos podemos ir ciegos. Necesitamos datos y que estos sean confiables, públicos y transparentes. Aboguemos por cuarentenas y planes de reapertura inteligentes, basados en parámetros objetivos en los que todos podamos confiar y tomar decisiones como colectividad que funcionen como pactos sociales y nos permitan avanzar hacia una sola dirección. Son tiempos de toma de decisiones difíciles, pero ¿preferimos seguir viviendo en negación o abrimos los ojos a lo que sucede en realidad para así actuar con efectividad y tomar decisiones responsables? La esperanza de que "todo esto termine ya" y poder olvidar que pasó puede ser reconfortante, pero ignorar lo que la ciencia predice podría ser un autoengaño poco sensato.

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