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TPS, remesas y factor “k”

Aun después de la oferta del señor Trump en su primer informe sobre el Estado de la Unión, los soñadores y los favorecidos con el TPS, sus familias y el país entero seguirán en vilo.
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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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Ni la oferta para los “dreamers” convence a José Guevara, un salvadoreño de 23 años entrevistado por la BBC Mundo, que no quiere ser “moneda de cambio” para el inquilino de la Casa Blanca. Muchos pensamos como este joven; es más, creemos que a nuestros compatriotas se los está instrumentalizando y en este juego, los criminaliza al vincularlos con los causantes de todas las atrocidades delictivas que ocurren en su país, sin desconocer que entre ellos se colaron verdaderos salvajes.

Además, se olvidó de los favorecidos con el TPS, lo cual –suponiendo que los demócratas le aceptan esta enésima oferta y tiran la toalla– sí constituye para nuestro país un enorme desafío que comienza con un mea culpa, reconociendo que, desde siempre, consideramos a nuestros hermanos lejanos como simples proveedores y no precisamente de migajas. Sus remesas, según el BCR, alcanzaron en 2017 un monto similar al de las exportaciones de bienes y servicios, o sea más del 17 % del PIB. Sin embargo, el impacto monetario de una eventual deportación de los “tepesianos” –calificativo que personalmente considero ofensivo– sería de $650 millones (13 % de las remesas totales).

Claramente, esas cifras constituyen una aproximación al impacto directo de una deportación de la magnitud estimada oficialmente. No toman en cuenta su incidencia en la economía en su conjunto, ocasionado por el efecto multiplicador implicado en cada dólar que se dejaría de percibir. Y aunque este menor flujo solo representa, grosso modo, el 2.5 % del PIB, no podemos ignorar sus efectos en campos sensibles como el empleo, la mayor inseguridad y, por supuesto, la demanda adicional por bienes y servicios públicos. No deberíamos preocuparnos tanto (¿?) por sus efectos en la balanza de pagos porque los ingresos del exterior están influenciados por otro elemento ya mencionado en otras oportunidades: el factor “k”: Este corresponde a los flujos provenientes de fuentes ilícitas. Porque, “nos guste o no” somos considerados como un país donde fácilmente se lava dinero y activos.

El gobierno ha hecho públicas algunas acciones de producirse una expulsión masiva, como ofrecer incentivos fiscales y créditos blandos para estimular el emprendimiento y hasta la peregrina idea de conseguirles refugio en Catar. Por su parte, el sector privado organizado ha comenzado a bosquejar sus propias respuestas. Entre estas llama la atención el potencial de empleo en la construcción. Las destrezas que han adquirido en Estados Unidos es un valor agregado muy importante, pero ¿qué pasa con tanto desocupado que deambula por las calles?

Pero los empresarios del sector también le piden al gobierno dos cosas: infraestructura apropiada (agua, alcantarillados, etcétera) y depuración de tanto trámite engorroso. Ambas exigencias son legítimas, aunque se antojan complicadas porque en el medio, según se comenta, hay mucha “menta”; además hay que lidiar con el factor “k”, en un sector de por sí muy poroso a prácticas como las que se han dado en Guatemala y Panamá. Los empresarios podrían curarse en salud, simplemente dando a conocer la fuente de financiamiento de los procesos constructivos, como lo hace normalmente un reconocido conglomerado empresarial. Lo demás es lo de menos.

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PD. Señor presidente, siga a los buenos e imite a Macri suspendiendo la contratación de parásitos y activistas, comenzando por CEPA y CEL.

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