¡TSE: Desactiven la bomba!

Desactiven la bomba hoy y mañana para que no nos explote pasado mañana.
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En los países democráticos con sistemas electorales modernos y confiables, los resultados de las elecciones se conocen el mismo día sin que nadie los ponga en duda. En El Salvador, las últimas elecciones para diputados y concejos municipales de marzo de 2015 fueron las primeras elecciones cuestionadas desde los Acuerdos de Paz. Y todo indica que en las próximas elecciones de marzo de 2018 sucederá algo similar o aún peor, a menos que el Tribunal Supremo Electoral corrija esta situación desde ahora. Desactiven la bomba hoy y mañana para que no nos explote pasado mañana.

Muchos expertos afirman que el sistema electoral salvadoreño es ahora de los más complicados del mundo para contar diputados como los que se elegirán dentro de 7 meses. El padrón electoral está conformado por 5,224,283 personas, 9,497 Juntas Receptoras de Votos (JRV) que serán integradas por 94,970 personas, además de las 262 Juntas Electorales Municipales conformadas por 10 personas cada una y las 14 Juntas Electorales Departamentales. Asimismo, habrá 1,595 centros de votación donde se ejercerá el sufragio. Pero con los cambios realizados y acumulados en los últimos años, el sistema se volvió mucho más complejo y mucho más caro debido a la puesta en vigencia del voto residencial, al incremento constante del padrón electoral, y a las reformas a la legislación electoral acordadas por los partidos y las adoptadas por mandato de la Sala de lo Constitucional.

El sistema actual permite votar por banderas partidarias, seleccionar y ponderar candidatos de un solo partido, votar por candidaturas independientes y además cruzar votos entre diferentes candidatos, independientemente del partido que los postula. El factor más complicado es la ponderación que el voto tiene en dependencia de cuántas figuras se votan. Por ejemplo, si un ciudadano vota por dos candidatos, le está confiriendo un 50 % de su voto a cada uno, pero, si vota por seis candidatos, le está confiriendo un sexto de su voto a cada candidato. Dicho porcentaje debe calcularse al sumar las preferencias acumuladas por cada candidato y por cada partido. Ese recuento debe ser realizado por la JRV una vez concluida la votación y consignada en un Acta que es la única base para la realización del escrutinio final, debiendo estar libre de cualquier error.

Las pasadas elecciones constituyeron un verdadero fracaso para el TSE, ya que –por desavenencias entre los magistrados– no pudo dotar a las JRV de tecnología que los asistiera y facilitara en tan ardua labor. Eso condujo a un caos total porque muchas mesas llegaron hasta el siguiente día sin poder contabilizar adecuadamente los votos y las preferencias, incluso muchos de sus miembros abandonando sus labores sin haberlas concluido, debido a compromisos del día lunes o al agotamiento físico. Nunca sabremos con certitud el resultado de las pasadas elecciones a nivel legislativo, pero conocemos el resultado aceptado por los partidos políticos.

Si bien los integrantes de las Juntas Receptoras de Votos serán nuevos, no partidarios, sospechamos que muchos empleados de gobierno y de las alcaldías calificados de “ciudadanos independientes no partidarios” integrarán las JRV y serán llevados por los diferentes partidos a contar votos y totalizar resultados el día de la elección. Después de sumar miles de votos fraccionados y de banderas, terminarán agotados y repletos de errores de cálculo a las 4 de la mañana negociando entre ellos los resultados que más les convengan, como sucedió en miles de casos en las elecciones pasadas. Las inconsistencias en las actas serán evidentes, acompañadas del desconocimiento ciudadano de los resultados preliminares. Luego vendrán las impugnaciones y varios acudirán a la Sala de lo Constitucional para que ordene el recuento donde los errores sean más evidentes.

En la próxima elección, el TSE cuenta con dos grandes desafíos: 1. entrenar adecuadamente a alrededor de 50 mil personas para que sirvan en las JRV, que no están afiliadas a partidos políticos, que en su inmensa mayoría nunca han sido parte de una JRV, y 2) adquirir tecnología adecuada para facilitarle a la JRV su labor de conteo de votos y marcas preferenciales para poder elaborar un Acta fiel a los designios ciudadanos. Pero dicho entrenamiento está determinado, en gran parte, por la tecnología adquirida.

A esta fecha ni el TSE ni los partidos políticos han mostrado interés por la tecnología apropiada que utilizarán las JRV para el recuento de los votos, a excepción de los escáneres coreanos que transmiten votos, pero no los cuentan ni los suman, sin resolver el problema principal, el conteo en las mesas. Pero los interesados en no adquirir tecnología apropiada se refieren con frecuencia a dichos escáneres, sugiriendo que “el tema tecnológico está bajo control” aunque no lo esté. Forma parte de la estrategia para evitar adquirir la tecnología especial que se necesita para responder a las complejidades de la ley electoral y de las diversas opciones de los votantes en las elecciones legislativas salvadoreñas.

Sin la tecnología adecuada, sin el debido entrenamiento de los miembros de la JRV, y con un presupuesto 36 % menor que el solicitado ($25 m./$39 m.), esas elecciones podrían ser un desastre. El voto ciudadano sería sustituido por la negociación de los partidos, un delito con responsabilidades judiciales para los magistrados. Pero esta vez, los ciudadanos se los hemos advertido de antemano, y no aceptaremos excusa alguna.
 

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