También hay impago electoral

De verdad que es un problema institucional. Eso lo ha reflejado el comportamiento de los funcionarios gubernamentales, especialmente del Órgano Ejecutivo, los de ayer y de ahora. Durante mis diez años como magistrado del TSE, –con un gobierno de ARENA, y otro del FMLN–, fui testigo de ello: No se da el apoyo requerido a las autoridades electorales para realizar procesos electorales de calidad. Hay ignorancia o desconocimiento a propósito de los fines que pretenden las elecciones en democracia, y por ende, contemplamos una falta de apoyo en la ejecución eficiente de todas sus etapas.
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El trabajo diseñado por los magistrados y funcionarios del TSE en el Plan General de Elecciones, PLAGEL, y desarrollado en un Calendario Electoral, persigue fundamentalmente lograr de forma eficaz que las elecciones produzcan representación, gobierno y legitimidad. De esa manera, “las elecciones fundan así el poder, aseguran su autoridad, justifican la obediencia a ese poder y se convierten en factor esencial de la cohesión de la sociedad política” (Enrique Arnoldo Alcubillas, jurista electoral).

Antes y después del “día D” (el día propio de las elecciones), existen varias etapas que lo configuran como un proceso, y no cualquier proceso, sino como el “único medio de expresión de la voluntad de los electores” (Considerando III del vigente Código Electoral). El Derecho Electoral y las Ciencias Políticas identifican las siguientes etapas: la fase preelectoral, que comprende entre otros la determinación del Registro Electoral, la elección de las candidaturas partidarias, el establecimiento de los Organismos Electorales Temporales; la fase de campaña o propaganda electoral; la fase de votación; y la fase poselectoral dedicada a la resolución de recursos contra resultados electorales, y entrega de credenciales a los candidatos electos.

A la fecha que escribo el presente artículo de opinión, el Ministerio de Hacienda no ha remitido a la Asamblea Legislativa el presupuesto extraordinario de las elecciones legislativas y municipales de 2018. Pero lo más grave, además, es que los fondos –que serán menos de los $39.9 millones solicitados por el TSE–, han sido activados por préstamos internacionales, como si el proceso electoral no debe gozar de la máxima garantía de financiarse con dinero propio. Actitudes como estas ponen en entredicho la calidad de la democracia que tenemos, pues pareciera que nos encontramos en un estado en donde las elecciones simplemente “constituyen un elemento accidental en el reclutamiento de la élite política” (Dieter Nohlen).

Según el Calendario Electoral, estamos en una fase importante de precisar los sujetos que pueden ejercer el derecho al sufragio, es decir, todo lo relativo a tener un Registro Electoral confiable. Asimismo, entramos a la fase de la elección de los candidatos de los partidos políticos, en donde el TSE es la máxima autoridad responsable de hacer cumplir la Ley de Partidos Políticos, y de revisar si los referidos candidatos cumplen los requisitos constitucionales para optar a los cargos pertinentes. También estamos ya en la fase de preparar a más de cien mil personas, con su capacitación adecuada, para integrar las Juntas Receptoras de Votos. Faltaba mencionar, que en este tiempo también se prepara toda la organización de infraestructura del “día D”. Y a la fecha, a menos de once meses, no se dispone de los recursos humanos y financieros indispensables.

Ante el impago electoral anterior, opino que al TSE se le constriñe a ser responsable de unas elecciones cuya “calidad” es la que desea la clase política, y no la que está justificada técnicamente por la experiencia de sus funcionarios, y por la demanda ciudadana de respetar un voto libre, directo, igualitario y secreto.
 

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