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¿Te podés imaginar, Matías?

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Rosarlin Hernández

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Quisiera empezar contándote que desde hace algunos meses he identificado una creencia común entre hombres y mujeres que trasciende toda etiqueta social. Esa creencia consiste en que la mayoría de mujeres suspira en algún momento de su vida, o en varios, con el sueño de alcanzar una vida en pareja y casarse.

Se cree, en cambio, que los hombres conservan a lo largo de sus vidas una sola certeza, y es del poder, esa autoridad que con los años te modifica la voz, la postura, se vuelve capaz de domesticar voluntades y te pone en control de todo y de todos. Es difícil renunciar a estos dos imaginarios y te voy a explicar por qué.

No importa si la persona cree que tiene un comportamiento inadaptado, libre y soberano. Lo cierto es que tarde o temprano llega el momento en el que la convención te atrapa y entrás en el juego del amor romántico.

No creás, Matías, yo no escapé de esa convención y claro que suspiré cada vez que me casé. Pero pronto descubría que el amor construido por las generaciones de mujeres que me precedieron no era el amor de la vida real.

¿Te acordás de que cuando llegaste éramos tres? Pero cuando parecía que estaba a un paso de cumplir con la convención, mi plan fracasó.

Un día antes de Navidad, el hombre que siempre consideré como mi familia decidió hacer su propio "performance" del poder masculino. La única pregunta que me hizo antes de sacar las cosas que una vez elegí con cariño fue: "¿Esto lo compré con mi dinero en Ginebra? Entonces, me lo llevo".

¿Te imaginás, Matías? Un día esa persona es tu familia y al siguiente solo le interesa dejar bien claro quién tiene el poder.

¿Te imaginás, Matías? En menos de tres meses mi madre se transformó en parte del aire y ya sin esposo, con el amor romántico esfumado, nos quedamos solo vos y yo, sosteniendo las velas del barco para que la tormenta no acabara con todo.

¿Te imaginás, Matías, que a pesar de esta historia que te cuento, este 8 de marzo pasado se conmemoró el Día Internacional de la Mujer y las mujeres seguimos de manera testaruda y sin importar las consecuencias, alimentando un sueño con altos costos económicos y emocionales?

Es más, aunque sepamos que estamos viviendo en medio de una pesadilla nos esforzamos por hacerle creer a nuestras amigas y colegas que nos sacamos la lotería y que el hombre con el que nos hemos jurado amor "en las buenas y en las malas" no salió con fallas de fábrica.

No me importa que ya haya pasado el 8 de marzo, porque hasta ahora me salen las palabras que he tenido atragantadas desde un día antes de Navidad. Ahora, me hago dos preguntas contundentes. ¿Para vivir este amor debo irrespetarme como persona? ¿Qué diría mi madre, que siempre me admiró como yo era, si no me respetara a mí misma para conservar un matrimonio?

Amigas y colegas, las invito a que dejemos de reforzar esa idea de que una mujer exitosa incluye una pareja estable. Seamos honestas, por favor, y construyamos nuestras propias respuestas a partir de la duda o la insatisfacción compartida.

¿Te imaginás, Matías? ¿Quién iba a decirme que terminaría haciendo esta importante reflexión a mis 46 años con mi perro de cinco meses? Solo puedo darte las gracias, Matías, por tu compañía que me ha salvado de muchas maneras y por enseñarme a vivir un amor sencillo, profundo y libre de violencia.

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