Tema caliente

El fenómeno migratorio es uno de los problemas mundiales de mayor impacto humanitario, lo cual se refleja tanto en el grado de conflictividad y la militarización de fronteras como en los sufrimientos y abusos que padecen miles de personas al viajar de un país a otro. Un dato revelador en el caso salvadoreño es que la cantidad de compatriotas que emigran anualmente –en busca de seguridad y trabajo– supera al número de connacionales que nacen en El Salvador.
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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Tres de cada diez salvadoreños viven en EUA y de ellos, arriba del 85 % está en edad de trabajar (entre 18 y 65 años). Adicionalmente, las redes humanas en EUA son un ejemplo de solidaridad y juegan un destacado papel en la incorporación de salvadoreños en suelo estadounidense, ya que la mayoría llega a vivir con familiares y amigos al ingresar a EUA y muchos de ellos tienen un trabajo asignado antes de salir de El Salvador.

La masiva migración tiene dos caras para los salvadoreños: (1) altos costos sociales: fuga de talentos humanos, desintegración familiar y pérdida del sentido de pertenencia; y (2) cinco mil millones de dólares entran anualmente en concepto de remesas (la quinta parte del PIB y el salvavidas de la economía nacional) y más del 50 % de los remitentes de remesas se encuentran bancarizados en el país de residencia y el 60 % de los receptores tienen cuentas bancarias en El Salvador.

La aplicación de medidas antiinmigrantes y dado que numerosos salvadoreños son inmigrantes no autorizados o sin permiso en EUA, un alto porcentaje de compatriotas ve amenazada su permanencia en dicho país. Estos hechos hacen prever que (1) la inmigración ilegal se hará más difícil en EUA, (2) el envío de remesas irá desacelerándose y (3) el número de repatriados incrementará (la gran mayoría tiene un perfil de persona trabajadora y el promedio anual de 30 mil retornados pudiera triplicarse próximamente). Consiguientemente, los repatriados son un tema caliente y los aspirantes presidenciales deberían respaldar medidas como las siguientes.

1. Fortalecer las iniciativas que mejoran la calidad de vida en microrregiones o municipios con altos índices de migrantes (sin etiquetar a nadie y priorizando las poblaciones vulnerables).

2. Incorporar –en programas de desarrollo local– la atención psicosocial a personas retornadas y a su grupo familiar, para restablecer su equilibrio emocional y salud mental.

3. Brindar asistencia técnica y financiera a personas retornadas productivas a través de mecanismos locales que faciliten la inserción laboral, los emprendimientos y la coinversión.

4. Crear una plataforma virtual y confiable para que los migrantes tengan acceso a información y orientación sobre sus derechos y sepan qué hacer en cualquier parte del mundo.

5. Coordinar con programas existentes que atienden a personas repatriadas (con y sin antecedentes criminales) y adoptar una estrategia específica para los de alto riesgo.

6. Realizar estudios con universidades y tanques de pensamiento estadounidenses sobre las redes solidarias y el perfil psicosocial, laboral y empresarial de los salvadoreños en EUA.

7. Exhortar a miembros de la comunidad internacional para que cooperen con los esfuerzos y programas nacionales que abordan las causas determinantes de la emigración.

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