Lo más visto

Tenemos que dedicarles más atención a los desafíos estructurales

Ya no hay que dejar que las mezquindades sectoriales y las distorsiones políticas le pongan barreras a este imperativo de nación.
Enlace copiado
Enlace copiado
<p>&nbsp;</p><p>Los salvadoreños, de todas las procedencias poblacionales, niveles socioeconómicos y adhesiones ideológicas o políticas estamos –todos, sin excepción– en el mismo barco, para lo positivo y para lo negativo, según sean las acciones, las reacciones y las omisiones que se vayan manifestando y acumulando en el trayecto. El país, entonces, es responsabilidad de todos, aunque desde luego no todas las responsabilidades tengan la misma magnitud ni respondan a los mismos imperativos de incidencia y de participación. A partir de esto, que es tan claro pero que aún no ha sido asumido como se debe, tenemos que ir organizando los movimientos que la democracia exige.</p><p>La realidad nacional presenta una serie de desafíos que, en términos generales, están marcados por el signo de la urgencia. Y bien se sabe que lo urgente debe ser administrado con mucho detenimiento y cuidado, porque si no todo tiende a enredarse más y a perder las dimensiones de lo real. Es lo que viene pasando entre nosotros prácticamente desde siempre: confusión entre lo coyuntural y lo estructural, falta de un orden de prioridades en el tratamiento de las necesidades nacionales, predominio abusivo de la imagen política del momento sobre la solución efectiva de los problemas. Ahí seguimos atascados, sin brújula segura.</p><p>Desde luego, cada problema tiene su propio origen, su propio desarrollo en el tiempo y sus propias necesidades de diagnóstico, tratamiento y solución; y por ello no se podría hacer racionalmente lo que en lenguaje coloquial se llamaría un atarrayazo de problemas. Pero por el otro lado, tampoco es realista desconectar unos problemas de los otros, porque todos están implantados en un solo terreno, que es la realidad nacional. Lo correcto, efectivo y satisfactorio es, entonces, integrar todos los problemas en un proyecto de país, en el que sin perder la identidad de cada uno todos puedan ser tratados según su interconexión y conforme a las exigencias del conjunto.</p><p>Un problema estructural específico puede servir de ejemplo de las peculiaridades que no son evitables: el problema de la seguridad ciudadana y del desborde de la criminalidad y de las conductas antisociales encarnadas en las pandillas. Este problema, siendo ahora de Seguridad Pública, no deja de tener profundas raíces sociales. Y atacar éstas requiere enfoques que van más allá de lo legal y lo administrativo, sin descuidar por supuesto estas dos dimensiones. El acuerdo entre pandillas –que ha generado tantas desconfianzas y reservas– es una señal de que aquí hay un problema diferente, que demanda enfoques y estrategias diferentes.</p><p> Tradicionalmente, los salvadoreños hemos vivido de espaldas a nuestras más lacerantes realidades, y así nos fuimos encaminando hacia el conflicto bélico, que es la más desgarradora expresión de las divisiones internas. La historia, con la solución política del mismo, que cerró el capítulo histórico de la violencia política, nos dio una segunda oportunidad. Hoy, no tenemos ninguna excusa válida para no enfrentarnos a lo que tenemos que hacer en el país, como país. Ya no hay que dejar que las mezquindades sectoriales y las distorsiones políticas le pongan barreras a este imperativo de nación. La nación debe hacerse valer a sí misma.</p><p>Este punto debería ser uno de los temas principales de la próxima campaña presidencial. La ciudadanía reclama cada vez más sustancia en la competencia política. Más allá de los afiches, los eslóganes, los discursos de ocasión y la lluvia de promesas hay que ver los compromisos creíbles.</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

Tags:

  • opinion
  • editorial

Lee también

Comentarios