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Tenemos que hacernos responsables sin reservas de la protección integral del medio ambiente, porque eso es asegurar la vida

La Naturaleza es nuestro hábitat insustituible, y en la medida que la tratemos como tal seremos capaces de asegurar la vida y de revitalizar todas nuestras potencialidades de presente y de futuro.
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Como nunca antes, la temática del medio ambiente se ha venido volviendo uno de los asuntos más relevantes a nivel global, y por consecuencia también en el plano nacional. De lo primero que hay que tener conciencia al respecto es de que los seres humanos, de manera creciente y expansiva, hemos asumido artificiosamente la condición de dueños de la Naturaleza, y no con el fin de respetarla y cuidarla sino con la irresponsable actitud de los depredadores sin conciencia y sin control. Para colmo, el desarrollo puesto en ese mismo plano viene acrecentando globalmente la dinámica destructiva, sin escrúpulos ni contenciones.

Así se ha llegado a la situación actual, en la que el fenómeno natural en las más variadas expresiones del mismo parece estar volviendo por sus fueros violados, y las consecuencias de tal respuesta golpean por todas partes y en formas cada vez más devastadoras. Nadie escapa a esto, aunque algunos países estén mejor preparados para encajar los desafíos inherentes. En nuestro caso nacional, nunca nos hemos caracterizado por activar a tiempo las prevenciones protectoras, en ningún sentido; y por ello estamos siempre indefensos frente a todo tipo de fenómenos, incluyendo por supuesto los fenómenos naturales.

Ahora, con la irrupción cada vez más agresiva y descontrolada del llamado “cambio climático”, los efectos depredadores nos golpean con creciente inclemencia. Temas críticos como el del agua están en la primera línea de la agenda incumplida. Y en este punto queda en lacerante evidencia lo que resulta de no hacer las cosas a tiempo. En El Salvador tenemos agua en abundancia; pero al no saber administrarla, el beneficio se convierte en escasez crónica y en riesgo permanente. Pero no sólo el agua está en crisis: también lo están la tierra y el aire. La deforestación galopante ha venido degradando nuestros suelos, y si no fuera por las plantaciones de café, que tampoco valoramos en ese vital sentido, iríamos ya en ruta desértica; y en cuanto al aire, la contaminación invasora es un atentado creciente contra la salud de la población en general.

Los salvadoreños hemos actuado siempre como si el medio ambiente se renovara por su cuenta, cualesquiera fueren los ataques que pudiera sufrir. Sabemos hoy, por experiencia propia, que los daños causados en el ámbito natural lo que hacen es castigarnos en reciprocidad intensiva, que conduce a catástrofes cada vez menos controlables. Ese es el ciclo que hay que superar, lo cual sólo puede lograrse con responsabilidad reparadora y con disciplina actuante. Desde hace mucho llegó la hora de asumir el reto sin evasivas, porque de no ser así lo que puede venir es la devastación incontrolable.

Acaba de celebrarse el Día Mundial del Medio Ambiente, establecido por Naciones Unidas en 1972, y la ocasión siempre es propicia para irradiar conciencia sobre toda esta temática tan significativa para la supervivencia humana luego de tanta irresponsabilidad acumulada. La Naturaleza es nuestro hábitat insustituible, y en la medida que la tratemos como tal seremos capaces de asegurar la vida y de revitalizar todas nuestras potencialidades de presente y de futuro. Somos parte del medio ambiente, y por eso respetarlo es servirnos a nosotros mismos.

Tags:

  • naturaleza
  • desarrollo
  • habitat
  • cambio climatico

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