¡Tenemos sed… de justicia!

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Nuestra Sagrada Biblia, desde sus primeras páginas, enseña que hay un Dios creador, que quiere obediencia, fidelidad y responsabilidad.

Dice así: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra e hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión”.

Si Dios creó el agua como un regalo para la vida, esta entonces no tendría razón de ser sin el agua.

Nuestro tema está centrado en este líquido por la única razón que día a día vemos a través de la televisión, leemos en los periódicos y oímos por la radio el problema caótico de la falta de agua en diferentes y numerosos lugares donde habitan nuestros hermanos.

Nadie ignora la necesidad de la utilización del agua, sea potable o lluvia, por parte todos los seres vivientes. Sin este precioso líquido no habría vida en nuestro planeta.

Y nos preguntamos ¿por qué desperdiciamos el agua? ¿Por qué las autoridades encargadas de su administración desatienden rotundamente las diferentes quejas sobre tuberías rotas y ausencia de este líquido en sus grifos? Sin embargo, expresan los afectados, ¡no faltan los cobros secos en sus facturas!

Señores, ¡tenemos sed… de justicia!

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