Tengamos presente siempre que la seguridad se pierde con gran facilidad y se recupera con muchas dificultades

Al hacer un análisis sincero y desapasionado de nuestra experiencia histórica a lo largo del tiempo lo que queda en evidencia es que los salvadoreños nunca hemos gozado de una seguridad que pueda llamarse tal en el exacto y pleno sentido del término.
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Es cierto que hubo una larga época en que las cosas del vivir cotidiano se desenvolvían sin mayores sobresaltos, pero esa no era una seguridad real, porque detrás de ella estaban las graves distorsiones en el ejercicio del poder, lo cual iba conduciendo inexorablemente –aunque muy pocos lo asumieran de manera comprometida y serena– hacia trastornos mayores, como fue en definitiva el desgarro mayor de la guerra fratricida. Y pese a que la solución política del conflicto bélico fue una puerta inédita hacia una nueva realidad nacional, aún pareciera que apenas vamos saliendo del túnel anterior, con escollos incontables en el camino.

Lo primero que habría que tener en cuenta en lo que al punto de la seguridad se refiere es que ésta es una condición de múltiples facetas, cada una de las cuales es un componente insustituible del esquema integral. En el lenguaje de la cotidianidad se le tiende a poner todo el énfasis a la seguridad ciudadana, porque es la que más ostensiblemente resquebraja la normalidad del diario vivir de la gente; pero en verdad esa inseguridad, al menos en nuestro caso, va vinculada de manera inseparable con otras inseguridades también básicas, como son la inseguridad jurídica, la inseguridad social, la inseguridad ambiental, la inseguridad económica, la inseguridad institucional y la inseguridad política. Es, pues, un racimo de inseguridades lo que tenemos como tarea reconstructora, y en tanto no vea así no habrá forma de superar los trastornos imperantes.

Los liderazgos nacionales tienen el deber inesquivable de asumir su responsabilidad en la medida adecuada, para que el país no siga hundiéndose en la incertidumbre, que es el componente regresivo más peligroso y obstructor. Desafortunadamente hay muy poca –por no decir ninguna– conciencia sobre este trabajo de reparación histórica que viene estando sistemáticamente ausente de la programación nacional. Hay en el país un buen número de entidades de alto rango pensante que tendrían que ponerle más atención propositiva a este punto tan decisivo para nuestro desenvolvimiento presente y futuro.

Lo complejo e intrincado del tema “seguridad” nos conmina a ponerlo en la primera línea de la agenda de país. Y lo único que puede funcionar de veras es que se les dé adecuado tratamiento a todas las formas de inseguridad que padecemos. En el caso de la inseguridad ciudadana lo más importante es el plan integral de ataque efectivo a la delincuencia en todas sus formas. En lo que se refiere a la inseguridad jurídica habría que establecer un consenso sólido para darles credibilidad y estabilidad a las reglas del juego político y económico. En cuanto a la inseguridad social, lo pertinente es generar mecanismos de oportunidad que hagan posible y factible el mejoramiento progresivo de las condiciones de vida de todos. En lo que toca a la inseguridad ambiental se hace impostergable establecer una plataforma de protección y de vitalización de los recursos naturales en todas sus expresiones. En el punto de la inseguridad económica hay que alinear la productividad y la competitividad para que interactúen en función de progreso y prosperidad, con reglas claras y sostenibles. En lo que corresponde a la inseguridad institucional, lo que se precisa es que todo lo que se haga en el sector público esté regido por los principios democráticos y por los mandatos del orden legal. Y respecto a la inseguridad política, el objetivo fundamental tendría que ser que todos los actores que se mueven en ese campo lo hagan con la predictibilidad propia de su función respectiva.

Tengamos presente que, como se dice en el título de esta columna, la seguridad se pierde muy fácilmente y para recuperarla hay que hacer grandes esfuerzos. No queramos tener recuperaciones sacadas de la manga porque eso lo que propicia es la profundización de los males.

Tags:

  • inseguridad
  • violencia
  • consenso

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