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Terrorismo y libertad de expresión

Los ataques terroristas de este viernes en París, Francia, que dejaron al menos 127 muertos y 250 heridos, muestran la cara más odiosa del ultrafanatismo.
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Se trata del golpe más grande en suelo europeo del Estado Islámico desde los ataques en 2004 en los trenes de Madrid, España, perpetrados también por otro grupo fanático, Al Qaeda, que, por cierto, en las condiciones actuales, considera al Estado Islámico su enemigo, por la barbarie que comete.

Francia le ha declarado la guerra a este grupo terrorista que ya controla territorios de Siria e Irak. Un mensaje en video del Estado Islámico reinvidica los ataques contra París debido a los bombardeos franceses contra el califato ejecutados desde finales de septiembre, en apoyo a la coalición internacional para erradicar los crímenes cometidos por el Estado Islámico contra numerosos pueblos.

En Francia, el terrorismo no es algo nuevo. Ya lo sufrieron recientemente, a principios de año, con el atentado a la sala de redacción del semanario satírico Charlie Hebdo y el ataque a un supermercado judío. Y hay una serie de atentados en los últimos años, muchos vinculados con grupos fanáticos islamistas.

El asesinato en masa contra empleados de Charlie Hebdo fue por una serie de caricaturas del profeta Mahoma. Eran tan elevadas de tono como las que han publicado contra figuras importantes del cristianismo o del judaísmo o de cualquier religión o instituciones. Esta irreverencia, muchas veces que cruza la raya del buen gusto –y llega hasta el insulto– es el sello característico de este semanario de izquierda. Pero es también una muestra del alto nivel que goza la libertad de expresión en este país.

Esta tolerancia a las ideas extremas es la que caracteriza a la Francia republicana, que acepta en su seno diferentes expresiones religiosas y ciudadanos provenientes de todas las partes del mundo. Son las ideas de la revolución francesa sobre las que descansa buena parte del mundo occidental. Por eso no extraña que haya sido Barack Obama, el presidente de Estados Unidos, uno de los primeros en condenar los ataques y mostrar su solidaridad. Obama, en una conferencia de prensa convocada de emergencia, calificó los atentados como “un ataque contra toda la humanidad y contra los valores universales que compartimos”.

Francia y Estados Unidos han sido aliados desde hace mucho tiempo. Incluso cuando la Unión eran solo 13 colonias sublevadas, los franceses ya estaban ahí, apoyando, identificados con sus ideas republicanas en contra de las monarquías.

Ahora, Estados Unidos e Inglaterra son aliados. David Cameron, primer ministro inglés, dijo que su país hará “lo que haga falta para llevar a estos terroristas ante la justicia”.

El mundo musulmán, desde hace ratos, condena el accionar terrorista del Estado Islámico, o ISIS (como se conoce en inglés) o Daesh (su acrónimo en árabe). Lo condena y lo combate con las armas, porque esta agrupación no acepta a nadie que no sea como ellos. Solo así justifica violaciones masivas, asesinatos a sangre fría y decapitaciones grabadas en video en nombre de la fe. Ninguna religión nos llama a asesinar a nuestros hermanos porque no son dignos de seguir a nuestro Dios. Eso solo lo hacen las mentes retorcidas y perversas ultrafanatizadas.

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