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The Ugly American...

“The Ugly American” (El americano feo) es una novela socio-política del año 1958, escrita por Eugene Burdick y William Lederer.
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La novela fue un “best seller”, que ejerció mucha influencia en su tiempo. Se dice que John F. Kennedy, en 1960, mandó copias de la novela a todos los miembros del Senado, ya que consideraba de suma importancia el mensaje de su contenido. Después de que la novela tomó bastante notoriedad, el término “Ugly American” llegó a ser usado para referirse a ese tipo de americano ruidoso, chillón, pretensioso y petulante cuando visita otras tierras.

Los avances en las tecnologías de información y comunicación facilitan enormemente las visitas de muchos “Ugly Americans” a nuestro país sin necesidad de tomar TACA (perdón, un poco de nostalgia).

El reciente artículo publicado en el Wall Street Journal escrito por Mary O’Grady “Un premio de EUA para el mal gobierno de El Salvador” es ciertamente un clásico ejemplo del “Ugly American” y de los “valores” tradicionales de otras épocas: la guerra fría, los comunistas, el Tío Sam. Si me critican son amigos de Putin, ya no se diga lo del “premio”: si se portan bien “my dear brownies” se les dará una piñata llena de “coras”, si se portan mal se les dará una nalgadita, seamos francos.

Estas actitudes por estos lares y en estos tiempos bordan en lo ridículo. La referencia a nuestra embajadora Mari Carmen Aponte es totalmente fuera de lo razonable: estamos hablando de la embajadora americana mas respetada y admirada por los salvadoreños desde que su servidor tiene uso de razón. ¡Desde el pasado milenio!

Creo que la decisión del MCC no tiene nada de extraña, es muy atinada, cumple con los tiempos, y reconoce a El Salvador como una pieza fundamental de la política americana en Mesoamérica; es más, me atrevería a decir que es un merecido reconocimiento a la sociedad civil salvadoreña que tantos avances ha hecho en los últimos cuatro años.

Vea el lector, que tenemos funcionarios faltos de talante de estadistas, de urbanidad, de sentido común, y que creen que todo lo arreglan con la estrategia de Mike Tyson “you make me mad” (me estoy enojando), verosímiles protagonistas de Dr. Jekyll and Mr. Hyde, ni lo dude; que tenemos indicadores socio-económicos que dejan mucho que desear, también, ni lo dude; que tenemos dinosaurios ideológicos, en ambos extremos, cuyo único antídoto es el inexorable curso de la biología, otra vez, ni lo dude. ¿Caracteres y condiciones exclusivas de nuestro querido El Salvador? Ni por cerca. Podríamos llenar tomos de casos de corrupción, crimen organizado e instituciones débiles en los países llamados industrializados. Sin embargo, es embarcarse en un fútil ejercicio de “mal de otros consuelo de tontos”.

Nuestra Sala de lo Constitucional ha sido acechada por todos: derecha, izquierda, sindicatos, el Legislativo, el Ejecutivo, el mismo Poder Judicial, y sin embargo allí está, vivita y dando guerra, indiscutible tributo a la sociedad civil.

Esta pugna entre poderes es normal, es parte de la evolución de una democracia, es más, es parte del constante agitar de esta.

Bien haría O’Grady en revisar un poco su propia historia, las épicas batallas entre Franklin D. Roosevelt y la Corte Suprema de Justicia, los esfuerzos de este para abarrotar (packing) la corte con aquellos nombrados por él, los cuales seguirían sus deseos.

Chief Justice Rehnquist observaría años después: “Roosevelt perdió la batalla por abarrotar la Corte pero ganó la guerra por el control de la Corte... ”.

Hagamos la cabuda (“let’s all chip in”) y mandemos una bien merecida copia de la famosa novela a Mary la O.

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