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Claudia D. Ramírez

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Esta semana, es un buen momento para recordar cuánto camino nos hace falta para tener una educación equitativa en la que los hombres no se sientan con el derecho sobre las mujeres y que las mujeres recibamos una educación en la que no permitamos ningún tipo de abuso. Hasta hace algunos años, recuerdo con pesar cómo abundaban las bromas machistas en las que las mujeres solíamos ser objeto de burla. No dibujar una sonrisa a pesar de la incomodidad era mal visto.

Afortunadamente, la educación, el cambio de leyes y un aprendizaje lento han permitido ir corrigiendo algunas conductas nocivas para las mujeres.

Este 25 de noviembre es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una fecha propicia para recordar los diversos tipos de violencia a los que nos enfrentamos.

Las mujeres, sobre todo, tenemos la responsabilidad de quitarle protagonismo a las actitudes que nos ponen en riesgo. Trabajar para que los hombres se sientan cada vez menos cómodos con actitudes que antes fueron "normales".

La educación es valiosa por varias razones, pero una de las más importantes es porque en la medida en que escalamos en puestos de liderazgos, podemos generar cambios y destruir viejas costumbres. Si algo puedo decir con propiedad es que en la medida en que ejercemos jefaturas, podemos apoyar a otras mujeres y frenar los abusos con autoridad.

En estos últimos meses, además, hemos visto un incremento de violencia contra las mujeres en el ámbito político y, también, la normalización de la sociedad en atacar a aquellas con las que no comparten ideología.

Este incremento también ha ocurrido en los hogares, debido al confinamiento producto de la pandemia.

Es un buen momento para hablar del tema y potenciar, sobre todo, la autoestima y el empoderamiento femenino.

Las burlas no son normales, los ataques en redes no son normales y por supuesto los golpes no son normales.

Tenemos un largo camino para reeducar a los hombres y a las mujeres. A los primeros para que dejen de percibir a sus parejas como un objeto que les pertenece y a las mujeres, para que no normalicen las relaciones abusivas, que no vean en el acoso o los celos, señales de amor.

Ojalá en algún momento seamos una sociedad capaz de reconocer señales de un abusador y defender a quien es revictimizada en relaciones abusivas.

Para eso habrá que mejorar nuestros procesos educativos y reevaluar los valores que por años la sociedad ha impuesto. Reflexionemos en los espacios cercanos y generemos cambios, porque la próxima víctima puede ser una hija, una sobrina o alguien a quien amamos profundamente. Y porque el victimario también puede ser alguien a quien queramos y no podamos rescatar.

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