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Tiempos y caminos difíciles

El desplome de las exportaciones, los empleos y las remesas hará que miles de familias caigan en situación de pobreza.

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Rafael Ernesto Góchez - Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Las crisis sacan a flote lo mejor y lo peor de las personas e instituciones. La realidad lanza una señal de auxilio (un SOS) que debería ser atendida por los gobernantes y conducir a la superación de la emergencia sanitaria y económica, y a la construcción de un nuevo modelo de desarrollo.

El desplome de las exportaciones, los empleos y las remesas hará que miles de familias caigan en situación de pobreza y aumentará la presión social. Esta situación demanda prontitud y efectividad en la obtención y ejecución del cuantioso endeudamiento aprobado. Esto es esencial porque la iliquidez agobia al sector productivo y los prestamistas le exigirán al GOES una mayor disciplina fiscal. Es decir, la superación de las crisis requiere una buena administración.

Este ensayo asume que las cosas no se van a arreglar pronto y sin hacer cambios de fondo. ¿Por qué? Porque el reto es triple: (1) mitigar y aprender a coexistir con el coronavirus por algún tiempo, (2) reactivar la economía y (3) adoptar políticas públicas que conduzcan a la desconcentración de la actividad económica del AMSS y la democratización (ciudadanización) del poder público. En otras palabras, eludir los problemas estructurales equivaldría a suponer que todo estaba bien a la llegada del covid-19.

Esta reflexión reitera la pertinencia de abordar las causas determinantes de la pobreza, violencia y emigración masiva. Consecuentemente, los siguientes puntos dan una luz de la ruta a seguir.

1. Dialogar y actuar con visión de país. La superación de las crisis demanda mayores niveles de entendimiento. Colaboración y coordinación son dos principios que deberían guiar la gestión pública. El Salvador no debería seguir enfrascado en una intensa lucha por el control del aparato estatal. Esa ruta no resuelve los problemas socioeconómicos y aleja al país de la democracia.

2. Desarrollar actitudes y aptitudes resilientes. Reponerse de la pandemia no será una cuestión exclusivamente sanitaria. Conviene, por tanto, priorizar la educación de cara a la transformación digital y fortalecer las capacidades de recuperación, las cuales dependen del apoyo familiar, la solidaridad, el sentido de pertenencia y los deseos de superación de la población.

3. Ampliar las oportunidades a nivel local. El actual modelo de desarrollo se ha basado en la exportación de mano de obra y ha generado muchas desigualdades. Hoy día, se agudizan las causas de la emigración irregular en el interior del país. Un paso decisivo es la desconcentración económica e institucional hacia fuera del AMSS.

4. Promover la cohesión social. Las principales unidades de la sociedad (familias, comunidades e instituciones) muestran un significativo deterioro y la relación entre ellos ha sido débil y circunstancial. La familia ha sido afectada por la violencia y la emigración; la comunidad por la demagogia y el crimen; y las instituciones por la corrupción e impunidad.

Reflexión: la confrontación se ha convertido en un interminable partido de ping-pong, con ida y vuelta de decretos, vetos y sentencias en medio de una pandemia. Este "juego de poder" tiene altos costos y pareciera que a los tomadores de decisión se les olvida que gran parte de la población se encuentra entre la espada (coronavirus) y la pared (sin ingresos). Consiguientemente y de no abordarse los puntos aquí indicados, habrá tiempos y caminos difíciles.

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  • pobreza
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  • cohesión social
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