Tiene que haber una opción

Mi hipótesis es que El Salvador visto en forma integral pareciera ser inviable. Sin embargo, social y territorialmente hablando sobrevivirá.
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En algunas zonas urbanas de San Salvador siempre veremos vehículos (nuevos y viejos) y peatones esquivándolos. El sector informal se agigantará, las chatarras del transporte colectivo circularán el tráfico de la capital siempre será denso, la agenda política será variada, activa y millonaria. El sistema bancario se mantendrá activo mientras haya movilización de dinero. El país en el ámbito microeconómico funciona y miles de guanacos ya optaron por dejar el futuro del país en manos de los políticos y otros que por ignorancia y apatía no saben qué le acontece a este territorio o no les interesa se divertirán con una cerveza en la mano viendo en televisores a la selección nacional de fútbol y los clásicos del fútbol español. Entonces... ¿por qué el drama tuyo y porque usas en tus reflexiones términos negativos como “Estado fallido” y te quejas de la existencia de un país sin rumbo, con baja educación, politizado, sin Plan de Nación?”

Eso me lo dicen algunos amigos, y argumentan: visita cualquier centro comercial o restaurante y observarás mucha gente consumiendo a la que no le preocupa el futuro de sus descendientes.

Ese es el país en que vivimos en el que siempre existirá inequidad. Antes pocas familias tenían mucha riqueza y un alto poder adquisitivo y le encargaban el poder a un alto mando, generaban empleo en sus empresas, cultivaban la tierra y hacían esfuerzos por industrializar el país. Incluso se incursionó en algunas ramas del sector servicios y hasta banqueros autodidactas surgieron.

Hoy día se mantiene la inequidad, hay nuevos ricos cuya fuente significativa de ingreso no necesariamente es productiva, la política ha tomado un rol preponderante en la formación de riqueza, la banca se nacionalizó, se reprivatizó, se dolarizó y la intermediación financiera siendo importante y estratégica se vendió a buen precio a inversionistas extranjeros para orgullo o soberbia del capital especulativo. La agricultura relevante prácticamente feneció; la industria manufacturera, en un sentido estricto se terminó.

La inversión nacional y extranjera ha disminuido. Sin embargo, hay una nueva empresa extranjera que empieza a ocupar el espacio del capital que emigra. Esa es una verdad que hay que aceptar que el dinero y la gente se cruzan en el camino de la emigración. La diferencia es que el dinero viaja sin aduanas y sin patriotismo en sus sentimientos. Los trabajadores en cambio emprenden la odisea de un futuro mejor con mucho sufrimiento.

La contrapartida del ingreso ya no es necesariamente solo producción como fuente importante. Hoy en día es algo de producción, remesas familiares y otros ingresos que la contabilidad nacional no puede registrar. ¿Hasta cuándo persistirá ese anormal esquema de corriente real y financiera? Tiene que haber una opción de generación de bienes con utilización de factores productivos nacionales en una función productiva normal y novedosa, para evitar el empobrecimiento casi generalizado. En este espacio se han vertido opciones quijotescas. El inversionista sin nacionalidad y con afán de utilidad y los políticos de turno, en una óptica realista, tienen la opción para que este país sea productivo, exporte bienes, genere trabajo decente y sea auténticamente viable.

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  • trafico
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