Tiene razón, señor presidente, pero...

Y en verdad, señor presidente, usted está en su derecho de rechazar las reivindicaciones y aspiraciones, especialmente de aquellos sectores que no comulgan con su ideología y el modo de abordar los problemas nacionales.
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La responsabilidad delegada de conducir los destinos del país le otorga, entre otros muchos privilegios, aceptar como aliados o simplemente como consejeros –ajenos a la estructura formal del gobierno– a aquellos que en su criterio sirven mejor a los objetivos del proyecto que se ha impuesto, o más bien quiere imponernos, el partido que lo llevó al poder. El problema es que cada vez más se complica lidiar con los problemas nacionales y como dice el refrán, una sola golondrina no hace verano.

Cuando en su discurso inaugural llamó a la unidad, el entusiasmo colectivo fue evidente. Su eslogan “unámonos para crecer” fue considerado como un reconocimiento tácito de que aun el proyecto partidario era permeable a ideas de terceros, partiendo de la idea de solo a través del esfuerzo y las voluntades compartidas se podía sacar adelante al país. En otras palabras, nadie sobraba y todos faltábamos. El llamado fue tomado especialmente por el sector privado organizado, como un mensaje de compromiso con el crecimiento, el empleo, la seguridad jurídica y el combate a la corrupción. Y por la sociedad en general, como un signo de esperanza para solucionar problemas endémicos como la delincuencia, la polarización desgastante y la pobreza estructural que abate a amplios sectores.

Pero en los hechos, parece que todo se ha quedado en el discurso. Los medios han informado de un reciente acercamiento con la cúpula empresarial; es decir después del segundo en su mandato, que tuvo lugar hace seis meses. Esa brecha en el tiempo sugiere que el gobierno no ve en esos acercamientos una interlocución válida y efectiva, o que para enfrentar la problemática nacional desde la perspectiva empresarial son suficientes las instancias que el gobierno ha creado como el Asocio para el Crecimiento, la Alianza para la Prosperidad y el Organismo de Mejoras Regulatorias, bajo los auspicios de la AID en las que ciertamente participan reconocidos empresarios. Sin embargo, no creo que estas hayan sido deliberadamente creadas para sustituir el papel de las gremiales.

Por lo que ha trascendido y como ha sucedido en otras ocasiones, después del último encuentro sostenido con los dirigentes de la ANEP, estos, literalmente, no habían abandonado las instalaciones de CAPRES, cuando empezaron las descalificaciones contra la entidad, dando siempre a entender que lo que buscaban los empresarios era, nuevamente, restar espacios o márgenes de maniobra, algo que el gobierno nunca va a tolerar. Esta forma de ver las cosas, de entrada sugiere intolerancia y desdén frente a las ideas de los demás, cuando no un reduccionismo extremo y a la vez un empecinamiento hostil, que no permiten liberar la energía creadora que tanto se necesita para sacar al país del atolladero en que se encuentra.

Sin ir muy lejos, el gobierno, por no decir el país, tiene una papa caliente –como se dice en buen salvadoreño–, con la necesaria e impostergable reforma del sistema previsional. Pero por lo que ha trascendido, su gobierno presentará el proyecto de ley, sin tomar en cuenta a los involucrados, llámense empresarios, cotizantes, pensionados y aun empresas que han confiado en la seguridad jurídica del país. Nadie duda que esta reforma inconsulta esconde la pretensión del gobierno de apropiarse de recursos privados para financiar el desajuste fiscal y la intención –yo diría equivocada– de obviar el costo político con promesas difíciles de cumplir, para no insinuar que se trata de medidas populistas. Lo del salario mínimo es otro caso de clara exclusión a sectores que tienen mucho que decir. Por supuesto, la respuesta empresarial no se ha hecho esperar.

Pero después de todo, lo que más preocupa es que el país colapse totalmente por la intransigencia y la tirria contra el sector privado, ignorando incluso la cantidad de empresas que han cerrado o abandonado el país. Esto, para no insistir en el fracasado proyecto chavista (el referente de su gobierno), que está fragmentando a la sociedad venezolana y llevándola a la pobreza más abyecta.

P.D.: Ellos lo lincharon.

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