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¿Tiene sentido el agua gratis?

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Francisco Serrano - Colaborador de  LA PRENSA GRÁFICA

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¿Quién paga por el agua en El Salvador? Nadie; absolutamente nadie paga por el agua. ¡Nadie! Y el engaño institucionalizado existente para que creamos que pagamos por el agua es la principal razón por la cual se sigue desvaneciendo, deteriorando, desperdiciando y desvalorando el agua en nuestro país. El siguiente ejemplo ilustra la forma e implicaciones de este aberrado engaño.

Imagínese que, con mucho esfuerzo, sacrificio, inversión y asesoría, usted ha logrado ser un exitoso ganadero lechero; con muchas hectáreas de suelos restaurados y descontaminados, pastizales meticulosamente sembrados, manejados y cuidados; con ganado lechero de primera clase; cuido veterinario y alimentación también de primera. Ahora piense –muy cuidadosamente– si usted estaría dispuesto a aceptar que todos los consumidores de leche... ¡solo tuviesen que pagar por el traslado de la leche al lugar de consumo! Y no su producción.

Ridícula suposición, ¿cierto? Para nada; lamentablemente, es exactamente la forma en que se norma el agua en El Salvador. Y no se trata acá de buscar privatización o nacionalización del agua, sino buscar corregir una situación claramente contraproducente en nuestro país, para rescatar y mejorar nuestras posibilidades –de ricos y pobres, públicos y privados por igual– de acceder y disfrutar del agua como se logra en países más sensatos.

¿O acaso es sensato pensar que se conservarán, manejarán y ampliarán bosques y parques tanto nacionales como privados, cuencas, manantiales y otras fuentes, si no se reconoce y cuantifica el valor de estas para proporcionarnos agua limpia en forma constante? ¿Y tendrá sentido pagar por servicios ambientales financiando proyectos de reforestación y conservación de suelos en áreas totalmente erosionadas y deforestadas? ¿Premiando al malo para recibir agua cuándo? Esto mientras ignoramos los aportes de parques como Montecristo o El Imposible (entre otros), evitando así que se amplíen y se cuiden adecuadamente dichas fuentes de agua de gran calidad y valiosa vida acuática. ¡Absurdo!

También parece conveniente afinar seriamente nuestros criterios de "pobreza" al observar que muchos que supuestamente "no podrían pagar por el agua" gastan relativas fortunas en telefonía celular. Con prioridades tan distorsionadas será difícil que nuestra población valore y respete este recurso, y menos los bosques u otras áreas naturales que lo proporciona en cantidad, calidad y la continuidad (estación seca/lluviosa) requerida. El pago justo y sensato de servicios ambientales requiere objetividad e imparcialidad. Obras de conservación de suelos, reforestación, y protección y restauración de bosques naturales tienen costos y beneficios medibles y cobrables, y deben –deben– pagar quienes usan, consumen, contaminan y subsidien. Esta valoración objetiva y precisa sin duda alguna fomentará mayor disponibilidad y calidad del agua, una agricultura y acuicultura ecológica, orgánica y eficiente; y mucha mejor salud y menos enfermedad, entre varios beneficios adicionales.

Los parques nacionales y reservas naturales –con sus árboles grandes de raíces profundos y suelos sueltos altamente biológicos– ciertamente encabezan la cobertura vegetal que mejor protegen y estabilizan cuencas para producir agua limpia. Y ya conocemos formas técnicas de evaluar cuantitativa y cualitativamente los beneficios hidrológicos resultantes, aunque dicho monitoreo exige la institucionalidad técnica correspondiente. Si queremos agua en cantidad y calidad adecuada, tenemos que asegurarnos de la perduración, ampliación, protección y manejo adecuado de las fuentes correspondientes. Y asegurar una cultura y respeto hacia este recurso con las restricciones y multas que sean necesarias.

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  • agua
  • privatización
  • reforestación
  • conservación de suelos
  • parques nacionales

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