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“Típicos” versus “es hora”

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Nathalie Schwartz / Economista

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Típico 1: Ilógicas proporciones.

Con una cantidad constante de 84 diputados, el número de empleados en la Asamblea Legislativa se duplicó en 7 años: en 2008 eran 926, en 2015 eran 1,856. Desde 2015, el aumento ha sido menor pero la cifra supera ahora los 1,900. Con esa cantidad de empleados, que requieren no solamente seguros de vida y médico hospitalarios, bienes y servicios, gastos de combustible y de telefonía pero también oficinas y parqueos, la mayoría de los diputados de los partidos políticos consideran necesaria la construcción de un nuevo edificio de 32 millones. ¿Cuál es la explicación racional respecto a la cantidad de empleados en la Asamblea Legislativa? ¿Cómo pueden hablar los diputados de una verdadera austeridad sin una reducción contundente de la cantidad de personal en la Asamblea?

Típico 2: Costo considerable versus escaso beneficio para la ciudadanía.

El gasto en remuneraciones y prestaciones en la Asamblea Legislativa fue aproximadamente de 46 millones en 2017. En promedio, cada diputado tiene contratadas a un poco más de 21 personas en la Asamblea Legislativa (1,900 empleados para 84 diputados). Si dividimos el monto de remuneraciones de 2017 por los 84 diputados, cada diputado cuesta al Estado más de medio millón al año. Es decir que cada diputado junto con el personal en promedio que lo “asesora” y “apoya” cuesta $46,000 al mes. ¿Cuál es el beneficio de este considerable gasto mensual por diputado para la ciudadanía?

Típico 3: Visión clientelar, electorera y partidista.

Las sucesivas Asambleas Legislativas han sido exclusivamente electoreras, clientelares y partidistas. ¿Cuál va a ser el cambio en esta nueva legislatura? ¿Los escasos y nuevos rostros seguirán siendo leales a las cúpulas de sus partidos o velarán finalmente por el bien común? ¿Las propuestas de ley tan indispensables para el país seguirán apilándose y empolvándose en las diversas oficinas de la Asamblea o se establecerán controles para limitar los tiempos de “engavetamiento” (que pueden durar años)?

Típico 4: Longevidad y cuestionamiento.

Algunos diputados se presentan una y otra vez. Algunos cumplen hasta 30 años de “servicio” en la Asamblea. Otros siguen o regresan como “asesores”. A pesar de un sistema de votación por rostro, la votación por bandera beneficia a los primeros que están en las listas propuestas por los partidos políticos. ¿No sería posible restringir la cantidad de periodos por diputado y también imposibilitar que los que están cuestionados no se puedan presentar como candidatos?

Esos típicos y otros más (la falta de idoneidad, de transparencia, de competencia, etcétera) no son exclusividad de la Asamblea Legislativa; otras instituciones los comparten. Sin una verdadera y auténtica reestructuración de las instituciones del Estado, no podemos entrever resultados muy diferentes para el país. Los mínimos ajustes de siempre, que tratan de engañar a una ciudadanía cada día más escéptica y desesperanzada, son insuficientes e irritantes.

“Es hora” de exigir a cada institución del Estado una mayor eficiencia, competencia y transparencia. También una menor burocracia y una óptima administración de sus recursos para asignarlos a una inversión pública eficiente y de calidad.

Si seguimos haciendo lo mismo, por temor a las consecuencias políticas de decisiones difíciles pero necesarias, es de esperar resultados no muy diferentes a los pasados y actuales.

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