Lo más visto

Más de Opinión

Todas las decisiones institucionales tienen que estar marcadas por el desempeño responsable y por la lógica de la democratización

Lo que se debe evitar es que se impongan los impulsos de ocasión, las ocurrencias repentinas y los caprichos sin fundamento.

Enlace copiado
La Prensa Gráfica

La Prensa Gráfica

Enlace copiado

Nuestro proceso democrático se viene desenvolviendo ya de una manera definitiva en el curso de las casi tres décadas que lleva recorridas la llamada posguerra, y en verdad es una época nueva en la que ha habido de todo, desde avances estructurales que hay que reconocer hasta estancamientos evolutivos que están pasando factura a diario. En ese marco de realidades que a todos nos atañen y que, según las respectivas situaciones, afectan a unos y benefician a otros, se debe desplegar al máximo una dinámica de seguimiento puntual de los hechos, para lograr la máxima claridad posible sobre lo que ocurre y sobre lo que puede ocurrir, todo ello en función de hacer que el proceso nacional siga normalmente su marcha. Y la lógica democrática debe ser al respecto la brújula conductora.

Lo que hay que asegurar en todo momento y circunstancia es que la responsabilidad impere y el buen juicio se imponga, porque en definitiva lo que se tiene que garantizar es que todos los dinamismos nacionales, del tipo que fueren, vayan desplegándose de manera ordenada y coherente. Lo que se debe evitar es que se impongan los impulsos de ocasión, las ocurrencias repentinas y los caprichos sin fundamento. Y todo eso se vuelve más común cuando las condiciones de la competencia política van siendo determinadas por la falta de parámetros reconocidos y quedan así a merced de los voluntarismos puramente coyunturales, como se ha visto de modo tan frecuente en nuestra cotidianidad política.

En estos días, y sobre todo después de los comicios presidenciales del 3 de febrero, que han dejado tantas señales por descifrar y por reconocer, hay que activar sin tardanza mecanismos de análisis que pongan en claro, sin que nadie pueda alegar despiste justificable, las responsabilidades de cada quien frente a la problemática que sigue pendiente. Dichas responsabilidades son producto directo de la misma democratización en desarrollo, y por consiguiente vienen impulsadas desde el interior del proceso en que nos hallamos inmersos como sociedad que ha logrado superar vicisitudes históricas acumuladas a lo largo del tiempo y por eso mismo debe responderse a sí misma con el mejor argumento posible: su propia superación en medio de todas las distorsiones imaginables.

La institucionalidad nacional ha salido adelante contra todo pronóstico, y ahora le toca abrirse paso entre las marañas de una normalidad que está constantemente asediada por las resistencias alimentadas por los vicios del pasado. Contra tales resistencias hay que hacer valer todo lo que nuestra sociedad ha logrado con tanta dedicación y tanto sacrificio. Y eso hay que recordarlo de manera ejemplarizante en el día a día para que no vaya a darse ningún estancamiento ni mucho menos ningún retroceso.

La ciudadanía tiene que estar más pendiente que nunca de los movimientos desde las distintas áreas del poder, para apoyar lo consistente y rechazar lo arbitrario, sin importar de donde provengan. Ese debe ser el criterio fundamental de aquí en adelante.

A los salvadoreños, pues, se nos viene una tarea de vigilancia que no admite descuido de ninguna índole. Y tal vigilancia abarca a todos los actores nacionales, independientemente de sus ubicaciones y de sus banderas. La misión país es lo que cuenta.

Tags:

  • posguerra
  • responsabilidad
  • democratización
  • institucionalidad
  • vigilancia

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines