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Todavía tienen sueños...

Conocí la clasificación más triste de las pacientes de cáncer de mama: las que se pueden salvar y las que no.

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Ana María Herrarte - Consultora

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Hace pocos meses, en plena cuarentena, participé en un estudio de mercado sobre el cáncer de mama, para lo cual tuve que conversar con médicos y enfermeras de Guatemala, Panamá, Honduras y Costa Rica, fueron los primeros focus group online que realicé. Y no sé si fue porque estábamos viviendo esos momentos especiales del inicio de la pandemia con sus inesperadas consecuencias, o porque el tema es realmente difícil, pero me impactó más de lo que hubiera querido, pues siempre trato de no involucrarme emocionalmente con los estudios que realizo.

Debo confesar que algo que me sorprendió mucho fue detectar una auténtica empatía, de todos los médicos y enfermeras con los que conversé hacia sus pacientes, lo cual pienso que trasciende su responsabilidad profesional de tratar de curarlas. Incluso, percibí en ellos una importante frustración por no siempre poder contar con todos los recursos necesarios para lograr, lo que identifiqué casi como un compromiso personal, mejorar la calidad de vida de sus pacientes.

Conocí la clasificación más triste de las pacientes de cáncer de mama: las que se pueden salvar y las que no; esta clasificación está ligada a lo que yo considero  un conflicto aterrador, como es el de elegir a quién aplicar los tratamientos y a quiénes no, porque ante una realidad que no se puede negar, como es el de recursos escasos para invertir en salud, no hay otra alternativa que la de priorizar. Aunque existen ciertas diferencias entre los países estudiados, tristemente en todos el dinero disponible no alcanza para atender a todas las pacientes.
Como estamos en el mes en el que se celebra  la sensibilización sobre el cáncer de mama, no he podido evitar recordar todas las emociones que experimenté durante todos esos días en los que estuve trabajando en el estudio. Preparar el informe, además de que me resultó interesante porque me permitió comprobar todo lo que había aprendido de un tema hasta ese momento desconocido, por lo que yo misma había investigado, pero en especial por lo que había escuchado, también me hizo reflexionar sobre la tragedia que está detrás de esas valientes mujeres que luchan contra una enfermedad tan “traicionera”.

Y es que fueron muchas las historias que escuché, desde los casos en los que los resultados fueron favorables, hasta aquellos en los que todo parecía estar bien después de los tratamientos, pero inesperadamente la situación cambiaba. Pero lo que más se ha quedado en mi mente es lo que me expresó un médico cuando me explicó eso de las prioridades: “yo sé que no se va a curar, pero todavía tiene sueños, quiere ver a sus hijos graduarse, quiere estar en el nacimiento de su nieto, en la boda de su hija. Por lo menos quisiera poder  prolongarle la vida”.

Dentro de todo lo que investigué encontré varios testimonios de pacientes de diferentes países, les comparto este de una española que me pareció realmente inspirador: “Buenos días a todas. Yo empiezo ahora con todo el proceso. El mío es un carcinoma lobulillar infiltrante y ya me han extirpado la mama izquierda y varios ganglios de la axila. Todavía estoy con las pruebas de antes de la primera quimio. No sé cómo será todo, pero sí sé una cosa, que voy a luchar con todas mis fuerzas contra este monstruo que nos ha pillado por sorpresa. Mucho ánimo que somos todas unas luchadoras”.

No puedo menos que solidarizarme con todos los que luchan contra esta enfermedad, repitiendo esta frase: “El cáncer de mama no se previene, se detecta. ¿Y tú, ya te checaste?”

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