Todo cambia, cambiemos nosotros también

En nuestro país hay una generación huérfana de un proyecto político con el que se identifiquen plenamente. Creo firmemente que esta es una de las razones por las que la desafección política es tan grande en países como el nuestro. Para empezar a cambiar la forma de hacer política es necesario transformar el ámbito político cambiando la correlación de las fuerzas políticas y socializando a toda una generación.

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Ximena Hilleprandt Coautora de El País que Viene

Ximena Hilleprandt Coautora de El País que Viene

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Con esto me refiero a que hay que potenciar la participación ciudadana, su involucramiento en la cosa pública y el activismo. Si algo aprendí en mis años universitarios estando en España es que los derechos se conquistan en las calles y que podemos decir que los activistas son las personas que crearon los derechos que hoy disfrutamos.

Para una mayor participación de la población, se debe priorizar la educación de las nuevas generaciones en una cultura democrática que en las últimas décadas no ha cobijado a toda la población salvadoreña. En todo país democrático debe existir una cultura democrática, donde los ciudadanos entiendan que deben ser partícipes en la toma de decisiones de sus gobernantes, que deben ser vigilantes y exigirles a sus gobernantes su respectiva rendición de cuentas.

Al mismo tiempo que sus gobernantes entiendan que no pueden imponer sus decisiones al resto de la ciudadanía y que su tarea es velar por los intereses de todos los ciudadanos. Fomentar esta cultura democrática sin dejar esas malas prácticas del pasado, es una tarea muy complicada.

Las cosas solo cambian cuando nos involucramos y somos parte de ellas. Es fundamental que aprendamos a formar parte de la solución y dejemos de quedarnos criticando sin proponer desde la comodidad de nuestras casas ya que no es estando en nuestra casa que vamos a lograr los cambios que como país necesitamos. No fue así en un pasado y no será así en el presente. Los cambios asustan y ningún cambio se da de la noche a la mañana, es por esto que debemos ser persistentes en nuestra lucha por un mejor El Salvador, pues los cambios que valen la pena deben perdurar en el tiempo.

Es preciso trazarnos metas a largo plazo y empezar a edificar sobre ellas ahora. Los jóvenes no tenemos una tarea fácil por delante, ni tenemos un futuro brillante que nos espera si no empezamos con estos cambios desde ya.

Todo esto debe ir de la mano de un diálogo continuo entre las fuerzas políticas del país. Un diálogo que tenga como centro las necesidades y el bienestar de todos los salvadoreños. Un diálogo sincero y sin segundas intenciones. Se debe dejar a un lado el choque de trenes producido por discursos confrontativos que como hemos podido comprobar, no llevan a ningún lado y que lejos de unificar al país lo polarizan cada vez más.

El futuro de El Salvador pasa por el compromiso de políticos, ciudadanos y otros actores de trabajar por el bien común, teniendo a El Salvador como prioridad. Para la construcción de un país bajo una visión compartida, necesitamos a todos los salvadoreños. Somos la fuerza transformadora que nuestro país necesita. Quiero finalizar con una cita de un escritor español: “La única forma de hacer algo útil con el futuro es tener el pasado siempre presente”.

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