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Todo es cuestión de historia

La ONG ConTextos desarrolla en El Salvador su programa «Soy Autor, escritura creativa para la paz» con internos en cárceles.
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Grosso modo, ofrece a condenados todo el material necesario para escribir su historia. Es el principio de una relación esencial con la literatura que permite grandes operaciones como la búsqueda de identidad, de verdad y de libertad. Hay que apoyar tal acción e inspirarnos de ella. Finalmente, todos somos prisioneros y nos toca a cada uno de nosotros ser autores de nuestra propia historia. Para cambiar otra prisión, la nuestra: la sociedad.

ConTextos responde a una educación que ha sido arrebatada. Una formación que nunca llegó para jóvenes marginales, o más bien, marginalizados. Cada uno de ellos debe encontrar y escribir su historia para entender su sociedad. A priori, este trabajo ataca un inmenso campo de gran desconocimiento. Donde la ignorancia es antes que todo interna: se trata de individuos que se desconocen a sí mismos. Pero, ¿será ese desconocimiento introspectivo exclusivo y por lo tanto reservado a las celdas olvidadas del error castigado?

De hecho, una de las finalidades supremas no es otra que demostrar la escasa diferencia, matando todos los prejuicios existentes, entre el detenido y el ciudadano cualquiera. Justamente, he aquí la primera convergencia: todos tenemos una historia que define nuestra esencia personal. Louis-Ferdinand Céline decía que todo el mundo tiene una historia que contar y que, por ende, lo que importa es el estilo que es, naturalmente, exclusivo. Si este escritor evoca la mera literatura según su teoría que privilegia la forma al mensaje, a mí me interesa sobre todo aquí la primera parte de su afirmación. Es decir, todos tenemos dentro de nosotros una historia que nos constituye como tal. Este proceso es antiguo; remite y responde al famoso precepto del oráculo de Delfos: conócete a ti mismo. Por consiguiente, que cada uno encuentre su historia, que la entienda, que la escriba, que la comunique. Es, al fin y al cabo, lo más preciado y precioso que tenemos.

La introspección es un fenómeno egocéntrico, y está bien. Alcemos el individuo a la encrucijada de nuestros intereses para el bien común. Volvamos a lo más básico: recordemos que somos seres humanos y que los problemas que sufrimos son sociales, es decir, humanos. Se nos ha olvidado ya que los conceptos presentes en la jerga política han ganado en abstracción lo que han perdido en resolución de los verdaderos problemas. Por ende, tenemos que concentrarnos en lo esencial: nosotros. Es decir, en la humanidad que nos define y que nos reúne. Por esta razón precisamente la cultura puede ayudar a curar una sociedad enferma. Es un remedio hecho de reflexión tornada hacia el individuo para su buen desarrollo dentro de la comunidad. Y la escritura de una historia obedece a su diosa, la verdad. Por lo tanto, un conjunto de historias individuales permitirá una historia general que será la de un pueblo entero, la del pueblo salvadoreño. Será su propia identidad, cuyo autor será él mismo, y no algunos políticos tendenciosos e inadecuados. La reivindicación de sus derechos ganará bastante en simplicidad. Saldrá por fin de su cárcel de mentiras y prejuicios. Y todo esto, sí que es democracia.

ConTextos y por extensión estos jóvenes castigados por un determinismo social han comprendido el carácter fundamental de una identidad encontrada mediante un canto de vida demasiadas veces ahogado. En efecto, la literatura es esencial y nos ayudará a salir adelante, ya que, hay que decirlo, contaremos nuestra historia, y, para saludar de paso a Céline, lo haremos con estilo.

Tags:

  • educacion
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  • marginacion
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