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Todo es don gratuito de Dios

El 8 de diciembre se celebra la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. El papa Francisco ha recordado que “todo es gracia, todo es don gratuito de Dios y de su amor por nosotros”.
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El Ángel Gabriel llama a María ‘llena de gracia’: y es que en Ella no hay espacio para el pecado, porque Dios la ha elegido desde siempre como Madre de Dios, y la ha preservado de la culpa original. Y María corresponde a la gracia y se abandona a ella diciendo al Ángel: ‘Hágase en mí según tu palabra’. Y el Verbo se hizo carne en su seno.

También a nosotros se nos pide que escuchemos a Dios que nos habla y que acojamos Su Voluntad; según la lógica evangélica nada es más activo y fecundo que escuchar y acoger la Palabra del Señor que viene del Evangelio; así el Señor nos habla siempre.

“La actitud de María de Nazaret nos muestra que el ser viene antes del hacer, y que es necesario dejar hacer a Dios para ser verdaderamente como Él nos quiere. Es Él el que hace tantas maravillas en nosotros”, nos dice el papa.

“María no es pasiva, sino receptiva. Así como a nivel físico recibe la potencia del Espíritu Santo después dona carne y sangre al Hijo de Dios que se forma en Ella, del mismo modo, en el plano espiritual, acoge la gracia y corresponde a ella con la fe”.

Por eso, San Agustín afirma que la Virgen “ha concebido primero en su corazón antes que en su seno. Ha concebido primero la fe, y después al Señor”.

“Este misterio de la acogida de la gracia, que en María, por un privilegio único, estaba sin el obstáculo del pecado, es una posibilidad para todos”.

María ha sido preservada, mientras nosotros hemos sido salvados gracias al Bautismo y a la fe. Pero todos, tanto ella como nosotros, por medio de Cristo, ‘en alabanza del esplendor de su gracia’, esa gracia de la cual la Inmaculada ha sido colmada en plenitud.

Frente al amor, frente a la misericordia, a la gracia divina derramada en nuestros corazones, la consecuencia que se impone es una sola: la gratuidad. Ninguno de nosotros puede comprar la salvación. La salvación es un don gratuito del Señor, un don gratuito de Dios que viene a nosotros, y habita en nosotros.

“Así como hemos recibido gratuitamente, del mismo modo gratuitamente hemos sido llamados a dar; a imitación de María, que, inmediatamente después de haber acogido el anuncio del Ángel, va a compartir el don de la fecundidad con su pariente Isabel”.

Porque si todo nos ha sido donado, todo debe ser devuelto. ¿De qué modo? Dejando que el Espíritu Santo haga de nosotros un don para los demás. El Espíritu Santo es don para nosotros. Y nosotros, con la fuerza del Espíritu Santo, debemos ser dones para los demás; que nos permita llegar a ser instrumentos de acogida, de reconciliación, instrumentos de perdón.

“Si nuestra existencia se deja transformar por la gracia del Señor –porque la gracia del Señor nos transforma– no podremos retener para nosotros la luz que viene de su rostro, sino que la dejaremos pasar para que ilumine a los demás”.

Aprendamos de Nuestra Madre Santa María, que ha tenido constantemente la mirada fija en el Hijo Jesús y su rostro se ha convertido en ‘el rostro que más se parece al de Cristo’.

Y pidámosle que nos consiga de su Hijo vivir una vida verdaderamente cristiana, apegada totalmente a la Doctrina que Cristo nos enseñó.

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